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Mostrando las entradas de diciembre, 2021

Las excepciones de Dios

  David, avisado por su amigo Jonatàn, huye de Saùl y llega a tierra de Nob a un sacerdote llamado Ahimelec al cual pide pan aunque el sacerdote solamente tiene panes consagrados (1ª Samuel 21:1), pero guiado por Dios le dice a David; “Solamente tengo panes consagrados, pero te los darè con la condición que tù y tus hombres no hayan tocado mujer” (1ª Samuel 21:4). Habrà ocasiones muy espòradicas por cierto, en las cuales Dios nos permitirá hacer cosas que están prohibidas a la vista de todos y en ley, pero que en su momento son necesarias aunque con algunas condiciones. Cristo mismo fue un ejemplo claro al hacer milagros en día de reposo. Razón, que dicho sea de paso, hará que los fariseos se pongan en contra de quienes sì hagan la voluntad del Padre sin propósitos ocultos. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Volverà a suceder.

  Saùl ya no puede ocultar el desprecio que siente por el pequeño David, entonces decide enviarlo a batalla tras batalla con la certeza, según él, que no será su mano la que tenga la sangre de David sino la de los enemigos (1ª Samuel 18:25). Pero con lo que Saùl no contaba era que el “favor” de Dios estaba con David, y en cada batalla que participaba era más aclamado y amado por el pueblo (1ª Samuel 18:5). Esto mismo sucede y sucederà en los últimos tiempos, los “verdaderos hombres ungidos de Dios” serán perseguidos por la misma iglesia, pues está escrito: “Los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mateo 10:36). Dura será pronto la batalla para los ungidos de Dios, pues no solamente estarán luchando contra el mundo, sino contra la traición de los propios por celos, envidias e injurias. La verdadera doctrina no solamente pelea con el mundo sino también contra la misma casa de Dios por mundanos propósitos introducidos en ella por ello volverà a suceder. Señor: Danos un...

Dios no nos desampara si caminamos con él.

    Saùl, como ya vimos, está lleno de envidia y celos en contra de David y está dispuesto a eliminarlo a como de lugar (1ª Samuel 19:1). Pero, Dios se vale de dos personas tan allegadas al mismo Saùl como a David para que esto no suceda, Jonatàn el hijo de Saùl y Mical la hija menor, quien dicho sea de paso estaba enamorada de David tan evidentemente que su padre se da cuenta y por eso trata de disimularlo (1ª Samuel 18:28 y 19:1). En nuestra caminata cristiana muchos serán los que querrán sacarnos del camino, eliminarnos de sus propósitos mundanos, pero Dios siempre tendrá ángeles disfrazados de Jonatanes y de Micales que nos avisaràn los unos y nos salvaràn los otros (1ª Samuel 19:11-12 y 20:2,22). Esa fue la promesa que hizo Cristo a sus discípulo, y, a quienes creyéramos por la palabra de ellos (Juan 17:3,14,y 20). Confiemos que Dios NO nos desampararà pero solamente si caminamos con él. Meditemos. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Las personas que traicionan… primero mienten

    Saùl, ya tiene celos de David por el aprecio del pueblo para con él por los logros de èste, y, por el amor fraternal y admiración que le muestra su propio hijo Jonatàn (1ª Samuel 18: 1,5y17). Así, le da un seudo respeto y admiración él también, pero dándole tambièn misiones difíciles para que no fuera su mano la que lo matara sino la mano de sus enemigos (verso 17). Saùl primero le mintió a David con ofrecerle a su hija mayor y luego se la diò a otro, para seguidamente buscar traicionarlo (versos 17y19). Así pasa también actualmente, algunas personas que envidian o tienen celos de otras, primero fingen un amor o una amistad y luego traicionan. Solamente es Dios quien nos puede dar la gracia para identificar esas situaciones, pero lo más importante, solamente Dios nos puede dar la gracia para que no seamos nosotros los que mintamos y traicionemos. Amèn? Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

A nosotros nos parece grotesco.

  David, luego de matar a Goliat le corta la cabeza y la trae consigo, tanto así, que cuando es presentado al rey por el general principal del ejército aún la lleva en las manos (1ª Samuel 17:57). Hoy en día a nosotros como creyentes y a muchos no creyentes esto nos parece grotesco, pero en un sentido figurado es lo que Dios ha prometido a su pueblo para el final de los tiempos. “Sepa pues con certeza todo el pueblo de Israel, que èste Cristo que fue crucificado, Dios ha puesto por rey… y pondrá a todos sus enemigos como estrado de sus pies” (Hechos 2:34-36). Estamos acercándonos, de hecho ya iniciamos a vivirlos, a tiempos difíciles como ninguna generación los ha presenciado (Mateo 24:21; Marcos 13:19; y Lucas 21:23). Ahora bien: ¿Por què muchas personas y aún creyentes no lo creen? Simplemente porque aún tienen trabajo, aún hay comida en su mesa y alacenas, porque aún están todos completos en la familia, porque aún no nos han perseguido, pero repetimos: AÙN. Sin embargo, si lee...

Cuando se ès un elegido hay injurias y envidias.

  Los filisteos tenían entre sus guerreros a varios hombres catalogados como gigantes, pues eran muy altos y fuertes, estos amedrentaban a los hijos de Israel, y llega el día que los retan para ver què pueblo servirà como esclavo al otro (1ª Samuel 17). Los tres hijos mayores de Isaì están enlistados en el ejército israelì, pero al igual que todos los demás, son atemorizados por un filisteo llamado Goliat (1ª Samuel 17:4). David es enviado a llevar viandas a sus hermanos, y, al enterarse de tal situación se apresta a aceptar el reto contra el gigante. Su hermano mayor entonces “justificando” su falta de valor le declara a David: “Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, por eso has venido” (1ª Samuel 17:28). Pero David NO era nada de eso, sino fue enviado y respaldado por Dios para vencer al gigante como lo vemos en el verso 51. El último recurso que utilizó su hermano para “justificarse” fue la injuria y la envidia. Suele suceder y lo que es peor suele sucedernos. ...

No comeremos hasta que…

  Samuel luego de observar a todos los hijos de Isaì que están en la casa no siente la paz y la guía de Dios, entonces pregunta: ¿Son estos, todos tus hijos? (1ª Samuel 16:11). Cuando escucha que hay otro pero pequeñito que está cuidando las ovejas, exclama: “Envìa por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí” (mismo verso). Así debemos ser y hacer nosotros, nunca debemos dar un segundo paso si no hemos dado el primero, y especialmente si èste es o representa algo espiritual. La responsabilidad que tenemos ante Dios es prioritaria y màs importante que cualquier otro motivo. Miremos lo que dice Cristo siglos después: “¿Quièn es pues, el sirvo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dè el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cuál, cuando su señor venga, y le halle haciendo así” (Mateo 24:45-46). Cuando Dios nos da una misión, no podemos ni debemos posponerla, y menos, por asuntos personales y materiales. No nos sentemos a...

No es por lo que nosotros vemos.

  Saùl ha desagrado a Dios, así que, Dios decide quitarlo por rey y poner a otro. Le habla a Samuel y le pide que vaya a Belèn a casa de un hombre llamado Isaì, y que en esa casa entre sus hijos está el futuro rey que él ha elegido (1ª Samuel 16:1). Samuel toma camino y al llegar inicia a preguntar por cada uno de los hijos de Isaì iniciando por el primogènito. Samuel, habiendo tenido ya la experiencia de Saùl espera encontrar otro hombre grande, fuerte e impresionante de parecer pero Dios le dice: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehovà no mira lo que mira el hombre, sino el corazón del hombre” (1ª Samuel 16:7). Así somos los hombres, siempre viendo lo de fuera de nosotros mismos y de los demás, cuando debiéramos enfocarnos en lo que está dentro de cada corazón, y eso, lo demuestran las “acciones” no las “palabras”. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No menospreciemos lo que Dios nos da.

  Dios había dicho a Samuel que elegìa a Saùl para ser rey sobre Israel (1ª Samuel 9:2 y 10:1). Y le proveyó a Saùl de todo lo necesario para que así fuera, ser hijo único, para que no tuviera que disputar con nadie el puesto; ser hermoso, para poder ser aceptado por todos; un profeta idóneo con autoridad, para poderlo empoderar a él también; un pueblo descontento, para que estuviera abierto a recibirlo; un pueblo enemigo como los filisteos, para que hubiera una razón de ser, etc. Pero Saùl menospreciò TODO y lo hecho a perder a tal punto que hizo que a Dios le pesara haberlo puesto por rey (1ª Samuel 15:11). ¡No menospreciemos lo que Dios ha hecho por y para nosotros!, NO creamos que nos merecemos estar en donde estamos o que hemos hecho méritos suficientes para tener lo que tenemos. ¡NO!, Job entendía esos términos mejor que nadie cuando luego de perder todo, y, que hasta la esposa le dijera: ¡Ya, maldice a tu Dios y muèrete! (Job 2:9), exclamò: ¡Jehovà es quien da, y Jehovà es...

Las decisiones buenas o malas afectan a otros tambièn.

  Saùl recibe ordenes específicas de Samuel de NO hacer el holocausto a Jehovà hasta que él llegue (1ª Samuel 13:8). Pero retardándose Samuel èste toma la decisión de hacerlo, lamentablemente vemos las nefastas consecuencias no solamente para Saùl, pues le es comunicado a dos años apenas de su renaciente mandato como rey, que sería removido (ver verso 1). Sino también contagia a Jonatàn su hijo de tomar decisiones con mal albedrìo pues sin que nadie le envìe, le autorice o guìe ataca un campamento filisteo (1ª Samuel 14:1,3 y14), y asesina a veinte filisteos en el nombre de Dios (verso 6). ¡Cuàntas atrocidades no están escritas en la historia y vemos hoy en día en el “supuesto” nombre de Dios. Saùl, simplemente sembrò desobediencia y justificación y eso fue lo que cosechò. Pues habiendo hecho juramentar al pueblo su hijo fue el desobediente, tal y como él lo había sido con el profeta (ver verso 24y27). Entendamos, las decisiones que tomemos buenas o malas nos afectan no solamente...

La eterna historia.

  Jehovà no quería que su pueblo tuviera otro rey, él quería ser su rey, pero el pueblo pidió uno a Samuel (1ª Samuel 8:20). Y aún dijeron: “Para que nos juzgue como hacen todas las naciones”. Juzgar no solamente representa aplicar la “justicia” cuando se es recto sino también implica “someter” cuando se hace incorrectamente, y eso hicieron muchos de los reyes que gobernaron a Israel. Es más, desde que Saùl es instaurado como el primer rey de Israel el pueblo ya se arrepiente (1ª Samuel 12:9). Aquì una de las lecciones que podemos tomar es el hecho que Dios desea ser él nuestro Rey pero nosotros los sustituimos. Son reyes no necesariamente de madera, oro, o piedras preciosas, pero sì es una sustitución. Nuestro físico, nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestra comodidad, nuestros cónyuges, nuestros hijos, nuestros padres, etc. Cualquier persona o bien material que nosotros antepongamos a Dios… es un “otro” rey, un ìdolo y una sustitución, y por lo tanto desagradamos a Dios. Y, esa...

La integridad ante todo.

  Samuel se para frente a todo el pueblo de Israel y dice: “He aquí, yo he oìdo vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey… yo ya soy viejo y lleno de canas… pero atestiguad contra mì delante de Jehovà y de su ungido si he tomado buey alguno, asno alguno, si he calumniado a alguien, o si he agraviado a alguno” (1ª Samuel 12:1-3). ¡Què hermoso ha de ser terminar uno su carrera delante del Señor sabiendo que nadie nos puede señalar de haber vivido abusando de la bondad y buena voluntad de las ovejas! ¡Què hermoso poder pararse delante del Pueblo y especialmente delante de Dios diciendo: Atestiguen contra mì, si he abusado de alguien o de algo!   El Señor nos de la gracia para vivir una vida correcta y recta delante de él, y vivir de nuestro trabajo como lo indicó en Gèneses él mismo. Selah. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Los verdaderos profetas.

  Podemos ver en el libro de Samuel en el capítulo 10, cómo, cuando un profeta viene verdaderamente de parte de Dios, todo, entendamos bien, todo, lo que anuncia se cumple. Samuel le profetiza a Saùl que encontrarìa dos hombres junto al sepulcro de Raquèl, quienes le dirìan què había pasado con las asnas que anduvo buscando (verso 2). Además comunica que más adelante encontrarà cerca de la encina de Tabor otros tres varones que llevaìan el uno, tres cabritos; el segundo, tres tortas de pan, y el tercero, una vasija de vino (verso 3). Cuando todo eso haya sucedido entonces el Espìritu de Jehovà descenderà sobre tì (verso 6). Y, què bendición para Saùl, pues todo cuanto el profeta le dijo sucedió. Preguntamos: ¿Por què si los profetas de hoy en la iglesia vienen realmente de Dios, no han podido profetizar con esa certeza los acontecimientos que estamos viviendo, y es más, con tanta señal apocalíptica que estamos viviendo… lo que está a punto de sucedernos? Sobre todo, por cuanto la...

Saùl elegido rey.

  Aconteciò en esos tiempos cuando el pueblo pidió un rey, que Saùl, hijo de Cis de la tribu de Benjamìn, fue enviado a buscar unas asnas que se le habían perdido a su padre, pero no encontrándolas tuvo necesidad de ir a buscar a un varón de Dios para que le dijera què había sucedió con ellas, ese varón era Samuel (1ª Samuel 9:6,15,19). Samuel le da tranquilidad a Saùl diciéndole que las asnas ya fueron encontradas, y además le dice que él ha sido elegido para rey de Israel (1ª Samuel 9:19-21). Todo resulta verdadero, ahora quizàs es más comprensible que entendamos, el por què cuando Saùl estaba en su decadencia y buscò a la adivina para que le hiciera llamar a un varón que le dijera el futuro, pidió que se le apareciera otra vez Samuel (1ª Samuel 28:11). Todos somos iguales, cuando algo nos funciona lo queremos volver a repetir, usar o acomodar, pero Dios no funciona así. El desea una dependencia absoluta para con él, así èl nos indica què es lo mejor para cada momento. Señor:...

Hasta aquí nos ayudò Jehovà.

  Muerto el sacerdote Elì, Dios constituye a Samuel por principal en Israel (1ª Samuel 3:19-20), no lo sabìa ni él ni el pueblo, pero Samuel sería el último juez, sacerdote y profeta antes que el pueblo exigiera un rey como lo tenían todas las naciones (1ª Samuel 8:19). Debido al pecado de Elì de no haber estorbado a sus hijos en el pecado, Dios permitió que hasta el arca del pacto fuera tomada por los filisteos (1ª Samuel 4:17). Esta pasó 7 meses en poder de los filisteos (1ª Samuel 7:2), y, durante ese tiempo Samuel no fue capaz de absorber el pecado de Elì, puesto que él tambèn lo cometió (1ª Samuel 8:3). Pero, el punto a resaltar aquí, es el hecho que cuando los filisteos al fin devolvieron el arca del pacto Samuel exclamò: “Hasta aquí nos ayudò Jehovà” (1ª Samuel 7:12). La expresión NO significa que “hasta allí” llegaba la ayuda de Dios hacia Israel, sino más bien que “hasta en eso, y dadas las circunstancias de desobediencia y pecado” los había ayudado Jehovà. Esto nos debe...

Estorbar a los hijos.

  Samuel, el primogènito hijo de Elcana y Ana, está haciendo sus labores en la casa de Jehovà en cumplimiento de la promesa hecha por su madre cuando lo pidió en oración (1ª Samuel 1:11 y 2:11). De pronto, una noche escucha su nombre en tres ocasiones y corre a Elì creyendo que quien le llama es su mentor, pues nos dice la escritura que Samuel no había conocido aún a Jehovà (1ª Samuel 3:7 y 9). Podemos estudiar que cuando Jehovà habla a Samuel, es para darle una razón por la sentencia a la casa de Elì. Y la sentencia es: “Yo, Jehovà, juzgarè la casa de Eli, por la iniquidad que él sabe, porque sus hijos han blasfemado contra Dios, y él, no los ha estorbado” (1ª Samuel 3:13). Dios se goza con visitar a su pueblo, con visitar personalmente a sus amados, pero, esos privilegios conllevan algunas obligaciones. Y, cuando esas obligaciones no se cumplen, entonces vienen consecuencias graves. Elì, las tuvo que sufrir, y tanto sus hijos como él perdieron la visitación de Dios (la prueba e...

Ministrando a Dios sin conocerlo.

    La lluvia es en las escrituras un sinónimo de la palabra de Dios (Deuteronomio 11:14), muchos creyentes esperamos esa lluvia temprana y tardía juntamente ofrecida para los últimos tiempos. Y, también muchos se preguntan por què con tantas señales que vemos hoy del final de los tiempos, esa lluvia ofrecida tarda, no llega aún. La razón quizás la encontramos en la vida del profeta Samuel. Cuando era “niño” recién destetado (1ª Samuel 1:23-24) fue llevado a la casa de Jehovà para aprender a ministrar.   Luego, cuando ya fue joven, él ya había aprendido a ministrar y lo hacìa (1ª Samuel 3:1), pero notemos algo “muy importante” en estos puntos: “Samuel NO conocía a Jehovà dice la escritura, puesto que no reconoció su voz” (1ª Samuel 3:7-8). Sin embargo, cuando creció, cuando madurò, entonces su ministración e impacto fueron distintos. ¿Cuàl es el punto que queremos resaltar entonces? Simplemente que no vemos la lluvia tardía, porque hay, hoy en día muchos ministrando a...

Jehovà es quien pesa las acciones.

  Penina, una de las dos esposas de Elcana, se burlaba de Ana porque èsta no podía tener hijos pero Ana, aunque sufría, llevaba su carga al altar de Dios no a la venganza personal (1ª Samuel 1:9). Y tuvo Dios a bien escucharla y concederle su petición. Fue así como naciò Samuel (1ª Samuel 1:20), y, tal como lo había prometido cuando Samuel fue destetado fue llevado a la casa de Dios para quedarse a servir allí (1ª Samuel 1:28). Luego de entregar a su hijo al servicio de Dios Ana orò así: “Mi corazón se regocija en Jehovà… por cuanto me alegrè en tu salvación…Jehovà mata, y él da vida…èl levanta al pobre del muladar y exalta al menesteroso y lo hace sentar entre príncipes y heredar un sitio de honor” (1ª Samuel 2:1-8). Aquì es en donde encontramos nuestra lecciòn, tanto de Penina como de sus hijos no se habla nunca más, pero de Ana se dice que Dios le concedió más hijos, cinco más para ser exactos (1ª Samuel 2:21). Y además, aún hoy en día se habla de Samuel, ¿Por què? Porque Dios...

Una vida santa alcanza solamente para quien la lleva.

    Desde niños se nos enseñò que hemos de vivir decentemente y en orden para que nos vaya bien en la vida. Pero, hemos de entender que, bìblicamente, la historia nos muestra que esa actitud y práctica solamente alcanza para quien la vive. Veamos dos casos: Uno, el del sacerdote Eli, era hombre piadoso y dedicado a los negocios celestiales en la casa de Jehovà, pero lamentablemente no supo influir en sus hijos Ofni y Finees (1ª Samuel 1:3), quienes abusaban de su posición, irrespetando las ofrendas a Jehovà y hasta siendo inmorales con las mujeres del pueblo (1ª Samuel 2:12,17 y 22). Luego, un segundo ejemplo lo tenemos, increíblemente, en el mismo Samuel, quièn habiendo visto y vivido el caso de su tutor, a pesar de haber llevado él mismo una vida ejemplar, no alcanzó a influir en sus propios hijos tampoco, pues nos narra la escritura que cuando envejeciò puso por jueces a Joel y Abìas (1ª Samuel 8:2), pero estos fallaron al pecar de avaricia, dejándose sobornar y pervirt...

La perfección de la oración de Ana.

    “En el día de la angustia, clama a mì, y yo te responderè” (Salmo 50:15). Esa es una promesa que Dios ha hecho a los de su pueblo, a la gente que le quiere servir y agradar.   Las evidencias parecen demostrar que tanto los libros de Samuel como los Salmos fueron escritos en el mismo tiempo. Por ello nos parece vàlido el hecho de pensar que esa promesa del Señor era conocido por Ana la esposa estéril de Elcana, cuando orò tan “específica y enfáticamente” a Dios diciendo: “JEHOVÀ de los ejèrcitos, mira mi AFLICCIÒN; acuérdate de mì; dame un HIJO; y que sea VARÒN; y yo lo DEDICARÈ todos los días de su vida a servirte” (1ª Samuel 1:11). Y Jehovà la escuchò y ella le cumplió, pues ella concibió a Samuel, quien luego de ser destetado fue llevado a la casa de Jehovà para que sirviera allí (1ª Samuel 1:24-28). Jehovà nos escucha en el día de la angustia, y nos responde, pero no olvidemos ser agradecidos y servirle. En otro sentido, cuando oremos, seamos específicos. Señ...

Quizàs uno de los mejores ejemplos de una oración.

    Cuando Cristo, en el sermón del monte, instruye a sus seguidores a hacer oraciones a Dios, es muy claro cuando explica: “Y cuando orèis, no usèis vanas repeticiones, como los gentiles, que creen serán oídos por su palabrerìa” (Mateo 6:7). Miremos el caso de Ana, la esposa estéril de Elcana. Ella deseaba tener un hijo, y cuando llega a la casa de Jehovà le dice: “JEHOVÀ de los ejércitos, si te DIGNARES mirar a la AFLICCIÒN de tu sierva, y te ACORDARES de mì… si dieras a tu sierva un HIJO VARÒN, yo lo DEDICARÈ a Jehovà” (1ª Samuel 1:11). Preguntamos: ¿Primero, hubiera tenido respuesta si la oración no se la hace a Jehovà? ¿Hubiera respondido Jehovà la inquietud de Ana si hubiesen sido oraciones repetitivas? ¿Còmo hubiera sabido Jehovà lo especìfico de la petición de Ana, si ella no se hubiera dado a entender especìficamente? ¿Hubiera sido una petición si en lugar de decir què era lo que quería, hubiera repetido oraciones vanas que sonaban a palabrerìa? La ORACIÒN (conjun...

El amor nos hace dar y servir.

  En los antiguos tiempos, cuando Dios permitìa que un varón tuviera dos esposas, hubo en el monte de Efraìn, un varón llamado Elcana que estaba casado con Penina y con Ana (1ª Samuel 1:1). Y él cubrìa las necesidades de ambas, a Penina le daba una porción conforme a ella y a sus hijos; pero a Ana, a pesar de no tener hijos por ser estéril le daba una parte escogida porque la amaba màs (1ª Samuel 1:5). Es lògico que amaba mucho a Penina pero también vemos evidente que a Ana la amaba más por su trato preferencial. Y, nos atrevemos a pensar así, puesto que las actitudes de ambas eran muy diferentes, mientras que Penina se burlaba y entristecía a Ana por su esterilidad (verso 6). Ana quería tener un hijo no solamente para agradar y unir lazos con Elcana sino principalmente con Dios (1ª Samuel 1:11). Esa es la actitud que debemos imitar, no solamente para con Dios sino también para con el pròjimo… unir lazos. Pero eso solamente nace por el amar incondicionalmente a ambos. Señor: Da...

La esterilidad en la antigüedad.

  En el Antiguo Testamento las mujeres estèriles eran objeto de menosprecio y de burlas, porque estaba ligada a dos situaciones: 1- Porque había habido adulterio entre sobrino y tìa o tìo y sobrina polìticos, lo cuál no solamente era vergonzoso sino también pecado (Levìtico 20:20; Gènesis 29:31). Y, 2- Porque se creìa que un vientre estéril o infertil era una maldición de Dios, pues al no poder tener hijos definitivamente de ella no podía venir el Mesìas, que era una promesa hecha desde el principio (Gènesis 12:1-5). Ese motivo, dicho sea de paso, era la razón por la cuál las familias hebreas eran tan numerosas, pues mientras más hijos tuvieran más oportunidad había que el Mesìas naciera en esa familia. Volviendo al punto principal, ambas situaciones de esterilidad eran humillantes. Ahora quizás comprendamos mejor la experiencia que se diò en la vida de Ana, una de las dos esposas de Elcana, cuando Penina que sì podía tener hijos se burlaba de ella, antes que Jehovà visitara a An...