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Mostrando las entradas de julio, 2022

Es una ley muyyy antigua

  Cuando Dios está por entregar la tierra prometida a su pueblo Israel, le advierte: “Cuando tomes posesión de la tierra, NO haréis como hacen en la tierra de Egipto (Egipto una figura del mundo no creyente) (Levìtico 18:2). Y, entre las leyes o decretos de Dios está: “NO TE ECHARÀS CON VARÒN COMO CON MUJER, PORQUE ES ABOMINACIÒN” (Levìtico 18:22). En Deuteronomio 28:1-14, Dios establece las vìas de bendición para su pueblo, pero también advierte de todos los males que vendrán a quienes NO acaten estas órdenes: “Pero ACONTECERÀ, si no oyeres la voz de Jehovà tu Dios, para cumplir SUS mandamientos y SUS estatutos, vendrán sobre tì… estas maldiciones. Y, desde el verso 15 al 68 decreta las consecuencias. Pero el verso 61 es bien claro al explicar que TODA enfermedad y plaga vendrán. No nos extrañen entonces el por què de las enfermedades infecto-contagiosas sexuales que contrae el tener relaciones ìntimas inadecuadas. El acostarse con varón como con mujer, es una ley penada muyyy a...

Cuando NO se está invitado a la fiesta.

    Dios le hablò a “Abraham” que se fuera de su tierra, de sus parientes y de su padre (Gènesis 12:1). Pero, què fuè lo que sucedió, veamos: 1- Tarè, padre de Abraham, toma la palabra de Dios para sì, y “emprende por voluntad propia” camino con su hijo, resultado: Tarè muere en Haràn sin llegar a conocer Canaàn (Gènesis 11:31-32). 2- Tarè tambièn tomò iniciativa con Lot, porque era su nieto, hijo de su hijo Haràn quien había fallecido (Gènesis 11:31). Resultado con Lot, vemos que no sólo tiene problemas con su tìo Abraham, sino què, la avaricia, la lujuria y el buen vivir lo hacen presa de su vida (Gènesis 13:8-10). 3- Más tarde, Lot es tomado prisionero por sus enemigos por estar en el lugar no indicado (Gènesis 14:12). 4- Por si fuera poco, cuando Sodoma y Gomorra son destruidas, Lot pierde a su esposa (Gènesis 19:26). Pero aún faltaba algo más, 5- Las hijas de Lot al ver la destrucción de las ciudades y verse sin la posibilidad de un varón, embriagan a su padre y comet...

El premio de los perdedores: Es el olvido.

    El ser humano tiende a recordar al primer lugar, pero casi nunca al segundo a no ser por condiciones especiales. Recordaremos quien fue el campeón mundial de una desciplina en tal año, pero quizás no recordamos a quién le ganó. Así, preguntaríamos lo siguiente: ¿Sabrìa usted estudioso de las escrituras, responder quienes eran: ¿Samùa; Safat, Igal, Palti, Gadiel, Gadi, Amiel, Setur, Nahbi, y Geuel?   ¡Seguramente que no! Pero si a esos 10 nombres les agregamos los de Caleb y Josuè, entonces inmediatamente los asociamos a los 12 espìas israelitas que fueran enviados a inspeccionar la tierra de Canaàn antes de ser tomada (Nùmeros 13:4-15). Y, seguramente entenderemos el por què los nombres de Josuè y Caleb sean tan recordados pero los otros no. Entendamos algo, el premio de los perdedores es el olvido. Pero a nosotros, su pueblo, Dios nos ha enviado a ser ganadores: de almas (Mateo 28:19); y, a ser ganadores en la vida (Deuteronomio 28:1-14). Señor: Danos un honest...

Porque donde están dos o tres.

    Dios Padre en su gran misericordia no nos exige què: Para poder él hacerse presente en medio de una reunión tengamos que ser cien, quinientos, ni mucho menos miles de personas clamando al unìsono. Dios es claro: “En donde se encuentren dos o tres” (Mateo 18:19-20), esa es la cuota que él pide. Y, ¿Ya nos preguntamos què costo se necesita para poder reunir a dos o tres personas, cuando solamente en nuestro propio techo u hogar llenamos ese requisito? Sabìamos què: ¿Cuando Cristo vino físicamente a la tierra criticò fuertemente a los religiosos por el abuso de poder y autoridad hacia las ovejas (vea Mateo 23 completo). Sabìamos què: Cristo predicò más en los montes, en casas privadas, en las entradas a los cementerios, en el lago, en la calle… que en las propias sinagogas. Sabìamos quê: Dios Padre hace 26 siglos aproximadamente ofreció “Un Nuevo Pacto” en donde nadie enseñarìa a nadie y en donde todos le podemos conocer personalmente en la intimidad” (Jeremìas 31:1, y 31...

No nos cansemos de dar y hacer el bien.

    Cuando de dar se trata los hombres (mujeres) somos un poco “quisquillosos” (que con facilidad nos ofendemos por pequeñeces). Con sólo que la persona que está recibiendo algo no lo aprecie; que no nos dè las gracias; que crea que se lo merece todo, etc. ya nos ofendemos y dejamos de darle. La escritura nos enseña que “independientemente” del comportamiento de la otra persona: “No nos cansemos de dar” (Gàlatas 6:9). También es verdadero que hay personas que “merecen” recibir no solamente por lo bueno que han hecho en el pasado, sino porque hoy están en donde están NO por ser negligentes sino por circunstancias de la vida, y, esas son las personas a las cuales debemos volcarnos. No pretende Dios que un “vago” viva de regalado ni mucho menos con participación nuestra (2ª Tesalonicenses 2:10).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

    Cuando la escritura nos dice que presentemos nuestros cuerpos en sacrifico vivo, no está implicando que nos suicidemos, ni que hagamos ningún acto de flagelacón propia, ni nada parecido a la violencia física (Romanos 12:1). Implica una “negación” a los placeres que el mundo nos ofrece, esos placeres los menciona el mismo apóstol autor de èsta epìstola (Pablo) en otra carta que también escribió, solamente que a los creyentes de Gàlatas: “Y manifiestas son las obras de la carne”, en donde leemos que son entre otras: adulterios, fornicaciones, lascivias, hechicerìas, pleitos, celos, envidias, iras, contiendas, homicidios, etc. ¡Cuidèmonos entonces!   Tan sólo eso es lo que nos pide el Señor: Guardarnos de NO participar en lo que el mundo ofrece como placeres, pues son una distracción y perdición para nuestra vida espiritual. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Así como tú quieras que te hagan.

    No hay persona en el mundo que no quiera recibir un bien, una buena noticia, un favor, un regalo, etc. Pero hemos olvidado, o peor aún, no conocemos un principio bìblico que reza: “Todas las cosas que queràis que los hombres hagan con vosotros, así también hacedlas vosotros con ellos” (Mateo 7:12). Es un hecho comprobado que mucho de lo que nos sucede o deja de suceder, en algún momento de la caminata diaria lo hemos podido hacer o dejado de hacer a otros. El Señor nos insta a que, cuando podamos y esté dentro de nuestras capacidades y posibilidades “ayudemos” a otros. Que seamos un brazo suyo extendido a los necesitados, a los enfermos, a los ancianos, a los huérfanos, a las viudas (Mateo 25:35-45). Y, la recompensa vendrà de SU mano no de la mano del hombre. Meditemos.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Nadie llega por otro camino.

    El Imperio Romano llegó a ser tan grande como que su extensa vía de carreteras alcanzó la cantidad de 400 caminos con una extensión calculada en 70,000 kilòmetros, que, para su día y época era una tremenda obra. Y, fue entonces que se hizo famosa (porque era cierta) la frase: “Todos los caminos conducen a Roma” (vea wilkipedia). Lamentablemente en lo espiritual NO es así. En lo que corresponde a la salvación de una persona solamente hay un camino, y ese camino se llama CRISTO: “YO soy la verdad, la vida y el camino” nos hizo saber (Juan 14:6).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Un Mesìas a nuestra medida.

    “Dios ha dado a su Hijo para que todo aquèl que en él crea, sea salvo” (Juan 3:16), èste es un verso que casi toda la humanidad ha escuchado en su vida. Pero, no todos lo han entendido. Dios Padre envió a su Hijo para “salvación”, pero el requisito es creer en él. Y al creer en él, hemos de seguir “sus” directrices no las nuestras: La principal es: “Si alguien quiere seguirme… tome su cruz… y entonces sígame” (Mateo 16:24). ¡Ese es el requisito!, cada uno tiene que llevar “su propia cruz”. El problema es que nos han hecho creer que la cruz que Cristo llevó ya nos hace un “Mesìas a nuestra medida” en donde ya no tenemos que hacer nada ni experimentar nada, sino solamente declarar, decretar y demandar “situaciones a nuestro provecho y conveniencia” y esperar entrar al cielo algún día. ¡NO fue eso lo que el Padre nos ofreció!   Por medio del apóstol Pablo nos envió èste otro mensaje: “Por MUCHAS tribulaciones nos es necesario entrar al reino” (Hechos 14:22). Entendam...

Solidaridad.

    Y sucedió que murió Josuè hijo de Nun, aquèl que había metido al pueblo de Israel a la tierra prometida en ausencia de Moisès. Y dijo Dios a Judà que subiera primero él a conquistar a los cananeos, y Judà pidió a su hermano Simeòn que fuera con él, y èste aceptò acompañarle (Jueces 2:1-3). En la vida, las situaciones de los hermanos vienen a ser similares, hay ocasiones que uno necesita del otro, o, en las que el otro necesita del uno. Nunca debiéramos negarnos a extender nuestra ayuda a un hermano ni de sangre ni de fe. Los ancestros nos han enseñado una gran verdad: “El mundo da vueltas, y, los que hoy están arriba mañana pueden estar abajo… y esos podemos ser nosotros”. Con razón las escrituras nos enseñan: “No niegues la ayuda a quien se debe, cuando esté en tu mano el hacerlo” (Proverbios 3:27), y, menos si es un hermano (1ª Juan 3:17). Selah.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Las tùnicas.

  Cuando Adàn y Eva pecaron por desobediencia en el Edèn, Dios Padre les hizo una “tùnica” que los protegìa de su desnudez (Gènesis 3:21). Josè era el hijo amado de Jacob, y èste le envió hacer una tùnica especial (Gènesis 37:3). Los sacerdotes que servían en el tabernàculo tenían que colocarse unas tùnicas de lino fino (Levìtico 16:4). Cuando Cristo es crucificado es despojado de su tùnica y es repartida a suerte para no ser cortada en partes (Juan 19:23-24). A lo largo de la historia un manto ha sido muy significativo para la humanidad. Ojalà y nosotros busquemos en Dios Padre y no en el mundo la tùnica que cuide nuestra desnudez espiritual; una tùnica que muestre el gran amor de Dios para con nosotros; una tùnica que nos permita entrar a su presencia sin vergüenzas; y una tùnica espiritual que, ya sea en nuestra vida o nuestra muerte… lleve a otros a la salvación eterna.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.