Solidaridad.
Y sucedió que murió Josuè hijo de Nun, aquèl que había
metido al pueblo de Israel a la tierra prometida en ausencia de Moisès. Y dijo
Dios a Judà que subiera primero él a conquistar a los cananeos, y Judà pidió a
su hermano Simeòn que fuera con él, y èste aceptò acompañarle (Jueces 2:1-3).
En la vida, las situaciones de los hermanos vienen a ser similares, hay
ocasiones que uno necesita del otro, o, en las que el otro necesita del uno.
Nunca debiéramos negarnos a extender nuestra ayuda a un hermano ni de sangre ni
de fe. Los ancestros nos han enseñado una gran verdad: “El mundo da vueltas, y,
los que hoy están arriba mañana pueden estar abajo… y esos podemos ser nosotros”.
Con razón las escrituras nos enseñan: “No niegues la ayuda a quien se debe,
cuando esté en tu mano el hacerlo” (Proverbios 3:27), y, menos si es un hermano
(1ª Juan 3:17). Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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