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Mostrando las entradas de octubre, 2020

Simplemente NO se puede.

    La sociedad nos ha enseñado que si alguien NO tiene una religión, entonces no puede entrar al cielo. Los que nos llamamos “creyentes” en Dios tenemos que entender que: “Dios escribió un libro para SU pueblo, y que en ese libro están los lineamientos para llegar a donde él está por la eternidad” (2ª Timoteo 3:16). Y, ese libro nos lo explica de ésta forma: “Dios Padre nos dio a su Hijo en sacrificio, para que quien acepte ese sacrificio sea parte de su pueblo” (Juan 3:16), y, quien NO lo acepte, simplemente NO entra al reino de los cielos (Juan 3:18-19). El mismo Cristo expresó: “Quien NO nace de nuevo, NO puede entrar al reino de Dios” (Juan 3:3). En otras palabras NO existe una religión que nos lleve al cielo. En sus últimas horas de vida Cristo expresó: “Y ésta es la vida eterna: Que te CONOZCAN a ti, el único Dios verdadero”. NO habló que una religión salvaría al mundo (Juan 17:3). Si usted es de los que cree que SU religión o alguien más que no sea el Cristo le lle...

¡Menos mal “ellos” no pensaron así! (Parte final).

    Retomando el tema sí: “El creyente creyera qué NO tiene por qué sufrir, NO tiene por qué soportar, NO tiene por qué quedarse en donde la está pasando mal, creyera que SÍ tiene el derecho de renunciar a lo que le es desagradable”. Continuamos preguntando: Y, ¿Si Daniel se hubiera rendido al estar en la fosa de los leones… quién nos hubiera dado la explicación del final de los tiempos? (Daniel 9-12). Y, ¿Si Juan el Bautista no hubiera querido vivir en el desierto, vestido de piel de camello y comer limitado… quién nos hubiera presentado al Cristo? (Mateo 3:4). Y ¿Si el Cristo hubiera renunciado a la cruz… quién nos hubiera dado la salvación? (Juan 18:8). Y ¿Si los discípulos restantes hubieran tirado la toalla cuando asesinaron a Esteban, el primer mártir… quién nos hubiera traído el evangelio? (Hechos 7:55). RENUNCIAR a lo que nos es desagradable, a lo que no nos gusta, a lo que consideramos una injusticia… Si SOMOS (no si nos decimos) creyentes NO ES UNA OPCIÓN, es una...

¡Menos mal “ellos” no pensaron así! (Parte uno).

    Si la vida del creyente que muchos predican fuera cierta: “Que el creyente NO tiene por qué sufrir, NO tiene por qué soportar, NO tiene por qué quedarse en donde la está pasando mal, y, creyera qué SÍ tiene el derecho de renunciar a lo que le es desagradable… preguntamos: Y ¿si Abraham hubiera pensado así cuando los conflictos de Sara con Agar y se hubiera marchado… de dónde habría salido el pueblo de Israel? (Génesis 16:5); y ¿Si Moisés se hubiera rendido a la novena plaga… cómo hubiera sido libertado el pueblo de Dios? (Génesis 15:12); y ¿Si Jeremías se hubiera frustrado, decepcionado y rendido porque el mismo príncipe de los sacerdotes lo traicionó, y lo metió al cepo humillándolo públicamente… quién nos hubiera dado la noticia del nuevo pacto, en donde, nosotros los gentiles sí entramos al reino de Dios? (Jeremías 20:1-2).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Lo que no (a)preciamos lo perdemos. (Parte final).

    Israel era el pueblo elegido por Dios para reinar… pero, NO (a)preciaron ese privilegio (Génesis 12:1-5), entonces Dios eligió a otro pueblo que NO era su pueblo para hacerlo su pueblo (Oseas 2:23 y Jeremías 31:31-33). Los fariseos y los saduceos habían sido elegidos como sacerdotes para servir a Dios… pero, NO (a)preciaron el serlo por lo que Dios les quitó ese privilegio (Mateo 23 completo). Es más, los humilló tanto, que les dejó el templo que tanto adoraban pero les quitó su presencia (Juan 10). Nosotros cometemos el mismo error, recibimos bienes y servicios de nuestros semejantes… pero NO los (a)preciamos, creemos merecerlo todo, creemos que somos mejores que los demás, creemos que somos los consentidos y que por lo tanto nos “merecemos” mucho por recibir y más. El resultado será el mismo de toda la historia humana… por lo tanto, si no cambiamos de actitud vamos a perder lo que tenemos. Selah. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Lo que no (a)preciamos lo perdemos. (Parte uno).

    (A)preciar: Según el diccionario de nuestra lengua significa: “Reconocer el valor, la calidad o el mérito de algo o de alguien”. Y, tanto la vida material como la espiritual nos muestran que cuando algo o alguien NO es preciado o apreciado, simplemente se pierde por descuido. Veamos algunos ejemplos: “Adán y Eva fueron puestos en un paraíso, en un edén, en un lugar de paz y recogimiento como todos hemos soñado siempre… pero, NO lo (a)preciaron, el resultado fue que lo perdieron (Génesis 3:24). Esaú tenía el privilegio de la primogenitura… pero, NO la (a)preció, el resultado fue que la perdió aunque después lo lamentó con lágrimas (Génesis 25:32 y Hebreos 12:17). El Faraón tuvo a todo un pueblo (Israel) como esclavos, con ellos a su servicio pudo realizar obras que aún vemos en nuestros días… pero, NO los (a)preció, el resultado fue que los perdió (Exodo 12:36-38).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

¿Si eso decían de ellos? ¡Qué esperamos nosotros!

  Es difícil llegar a ser un predicador apreciado, más en éstos tiempos en los cuales el desprestigio de la Iglesia ha llegado a extremos en escándalos, pedófilia, violaciones, líderes que lo que les interesa es la lana de las ovejas y no las ovejas en sí, etc. Autonombrados líderes para cubrir una necesidad pero sin tener llamamiento espiritual alguno, es más, algunos hasta sin preparación ni conocimiento de la palabra de Dios. Ahora bien, quienes nos preparamos para llevar la palabra de Dios y hemos recibido un llamamiento,   para hacerlo sin intereses espurios y mezquinos ¿Qué podemos esperar?, si en tiempos antiguos hablaron mal de Cristo, diciendo: “Este, demonio tiene” (Juan 10:20); hablaron mal del apóstol Pablo: “El en persona no impresiona a nadie, y como orador es un fracaso” (2ª Corintios 10:10). Entendamos, el evangelio se predica por amor y para amor, no para alcanzar un reconocimiento ni mucho menos intereses personales. Selah.   Señor: Danos un honest...

Nuestra visita no resultó vana.

    El apóstol Pablo escribiéndoles a los creyentes de Tesalónica en su primera carta les dice: “Vosotros mismos sabéis, que nuestra visita no fue con resultados vanos” (1ª Tesalonicenses 2:1). En nuestro diario vivir, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en fin, durante toda nuestra vida encontramos personas con las cuales vivimos, convivimos o quizás solo conocemos, pero, no están ni estuvieron por casualidad, coincidencia o vana experiencia. Según el apóstol, quien estaba lleno del Espíritu Santo del Señor, son personas que están o estuvieron porque algo tienen o tenían que dejarnos (2ª Corintios 3:2-3). Pero hay también otras noticias… nosotros les estamos dejando algo a ellos. Hagamos que SU o NUESTRA visita no sea en vano. Selah.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

El por qué de los nombres.

    Siempre se han dado para reconocer a las personas; para identificarlas por obligaciones y derechos, y hasta creemos hacerlo para perpetuar una tradición. Pero antiguamente los nombres significaban mucho más. Tanto así, que hubo ocasiones en las cuales Dios les cambió el nombre a algunas personas   o indicó qué nombre ponerles. Veamos: Le cambió el nombre a Abram, Sarai, y a Jacob. E indicó qué nombre ponerle a Juan el Bautista y al Cristo. Veamos: Abram, (Génesis 11:26) cuyo significado era “El Padre enaltecido” a Abraham (Génesis 17:5) que significa “Padre de muchedumbres”. A Sarai (Génesis 11:29) cuyo significado es “Soberana”   lo cambió a Sara cuyo significado es “Princesa” (Génesis 17:15). A Jacob, (Génesis 25:26) que significa “Engañador” (Génesis 27:35) a Israel (Génesis 32:28) que significa “El que lucha con Dios” (mismo verso). A Juan el Bautista expresó que le pusieran así y que no le pusieran Zacarías (Lucas 1:59-60). Zacarías significa “Jehová ha ...

Dichosos porque hacen caso.

    ¡Háganme caso patojos o sufrirán las consecuencias!. ¿Cuántas veces nuestros padres, especialmente nuestras madres no nos advirtieron de niños, pero no hicimos caso y sufrimos las consecuencias?   Unos raspados, otros quebrados y algunos hasta muertos por no hacer caso. En otro sentido, el libro de Apocalipsis inicia con éstas palabras: “Dichosos los que leen y dichosos los que escuchan las palabras de éste mensaje profético y hacen caso” (Apocalipsis 1:3). Insistimos, es verdadero que hace años, o, en nuestro caso más de media vida lo hemos oído (nos referimos al mensaje del final de los tiempos) y por ello no solamente lo creemos sino lo esperamos. Sin embargo, conocemos personas que no lo creen, y por lo tanto no le hacen caso. El punto es que cada día estamos más cerca que suceda y muchos sufrirán las consecuencias. Ojalá sólo fueran raspones y quebraduras de brazo, pero lamentablemente en éste tema se trata de vida o muerte eternas. ¡Pongamos atención a los a...

¿A quienes llama el apóstol Pablo… Super-apóstoles?

    No estaba hablando de personas sacrificadas, humanitarias y que predicaban o predican el evangelio por amor y sin intereses personales. Se los explicó en detalle a los creyentes en Corinto: “Tales individuos, son falsos apóstoles, obreros estafadores, disfrazados de Cristo, son servidores de Satanás, y su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones” (2ª Corintios 11:13-15). Pero, ¿cuál es la razón por la que el apóstol los señala?. Veamos: ¡Llegan predicando un Jesús diferente al de las escrituras! (2ª Corintios 11:4). ¿Y cuál es entonces el Jesús verdadero de las escrituras?   El apóstol lo explica en los versos de 11:7 y 9: “Predico el evangelio gratuitamente para no ser una carga a nadie”; verso 20: “No esclaviza ni explota a nadie”; Predica un camino de tribulaciones tomado de la mano de Dios, versos 24-27; pero el principal objetivo del verdadero evangelista es: “Mantener la preocupación por la Iglesia (entiéndase aquí ovejas)… no por las finanzas de la...

¿Qué provoca la gracia sobre una Iglesia?

    ¡Ahora, hermanos, queremos que se ENTEREN de la gracia de Dios en la Iglesia de Macedonia, qué, en medio de su EXTREMA POBREZA abundó en rica generocidad! (2ª Corintios 8:1). Qué contraste con muchas de las congregaciones el día de hoy (y con ciertos creyentes), que no estando en “extrema pobreza” solamente estiran la mano para pedir pero no para dar. Y continúa diciendo el texto: ¡Que dieron ESPONTANEAMENTE tanto como podían, y aún más de lo que podían” (verso 3). Lo que consideraron un “privilegio” (verso 4). Y, ¿cuál fue el resultado?   ¡Igualdad!. (verso 13). Si esa “igualdad” existiera hoy en las congregaciones, otro sería el resultado de nuestras prédicas. Otro sería el concepto (testimonio) que se tiene de la Iglesia, y más, de Dios. Otra sería la actitud de las personas a seguirnos a quienes decimos tener al Cristo de la salvación. Quizás nos seguirían en lugar de criticarnos. Meditemos. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

Apocalipsis no era el techo… era y es el cimiento. (Parte final).

    Ese Cordero salvador estaba profetizado que vendría dos veces, una como cordero para ser sacrificado (Lucas 7:20),   pero luego vendría como León para tomar su reino (Hebreos 10:37 y 1ª Tesalonicenses 4:16). Ahora bien, ¿qué fue lo que aconteció “antes” de la venida de ese Cordero perfecto? Veamos y comparémoslo con el final de la historia: 1- Fue anunciado muchos años antes 700 más o menos (Isaías 11:1-4), lo mismo que ha estado pasando ahora, anunciado por muchos años. 2- Hubo una generación que, por no ver un “pronto” cumplimiento, ya se había vuelto incrédula a la promesa (Juan 4:25)… Hoy, está sucediendo lo mismo, somos parte de la generación que ya perdieron la fe de que él vuelva otra vez. 3- En aquél tiempo por SU nombre hubo persecución dentro y fuera de la Iglesia, tan así, que hasta niños inocentes murieron (Juan 12:42 y Hechos 14:19), hoy, ya está sucediendo lo mismo y muchos inocentes serán aniquilados. 4- Cuando el Cristo vino, pocos, fueron quienes ...

Apocalipsis no era el techo… era y es el cimiento. (Parte tres).

  Como hemos visto en otros pasajes de la escritura, Dios eligió a Abraham, siendo un gentíl incircunciso para hacer un pueblo para sí (Génesis 11:27-32 y Josué 24:2). A ese pueblo al que conocemos en términos generales como Israel, Hebreos o Judíos, se le dieron estrictas normas y reglas de vida en un Pacto Antiguo (Levítico 20 y Deuteronomio 5 y 28). Dichas normas y reglas NO fueron cumplidas, así que, Dios ofreció hacer OTRO pacto, en el cuál incluiría a un pueblo ajeno al suyo (Jeremías 31:1 y 31; Oseas 2:23 y Romanos 9:25). Ese nuevo pacto que Dios ofreció hacer, incluía nuevas normas de vida, las cuales eran mucho más sencillas de poder cumplirse para alcanzar los objetivos (Hebreos 8:13), y, que, incluían también una absolución de pecado más alcanzable, pues ya no era por sacrificios de sangre animal sino por gracia debido al sacrificio de un Cordero perfecto (Efesios 2:8-9). Y de eso nos habló el Cristo en Hebreos 1:1-2 y Apocalipsis 1:1 como cimientos no como techo. No...

Apocalipsis no era el techo… era y es el cimiento. (Parte dos).

    Cuando estudiamos Hermenéutica   (ciencia que nos enseña a interpretar la biblia), se nos enseñan algunas reglas infalibles, por ejemplo: “Que el principio de los eventos es igual al fin”. El principio lo vemos en Génesis y fin en Apocalipsis. Veamos: a) Dios hace una nueva tierra y un nuevo cielo (Génesis 1:1-2) comparado con la tierra nueva y el cielo nuevos en el final de los tiempos (Apocalipsis 21:1); b) Dios crea un hombre y una mujer en estado puro (Génesis 1:17) comparado con un hombre y una mujer nuevos y puros para la eternidad (Apocalipsis 21:7); c) También vemos que fueron puestos en un paraíso en donde había frutos (Génesis 2:8) comparado con un lugar paradisíaco en el fin donde hay frutos (Apocalipsis   22:2); d) Vemos también que en el principio Dios hablaba cara a cara con el hombre (Génesis 3:8) comparado con el cara a cara de Dios con los suyos en el fin (Apocalipsis 22:4). Estos son algunos ejemplos de lo que éste principio de Hermenéutica ...

Apocalipsis no era el techo… era y es el cimiento. (Parte uno).

    Como lo hemos expresado en otras ocasiones, muchos son los creyentes, y   lamentablemente también muchos los líderes que no tocan Apocalipsis, que no lo promueven, que lo ignoran, y que responden a él diciendo: Falta mucho, ese tema es difícil, y además lo que tiene que suceder sucederá. Cierto, pero, porque ven al Apocalipsis como el “techo” de la casa de Dios, sin saber y entender que es el “cimiento” como pronto veremos comparando el principio de los tiempos (Génesis) con el final de los tiempos (Apocalipsis). El problema con NO buscar las verdades que contiene Apocalipsis, es que al NO tener entendiendo que es un cimiento, dicho cimiento se cambia muy fácilmente por OTRO (paz, poder, prosperidad, declaraciones, decretos humanos, exigencias, etc). Y, es entonces cuando lo que edifiquemos encima corre riesgos. Además, qué triste y lamentable, que el evento más importante de la historia de la humanidad nos sea limitado hasta el punto en que NO estemos preparados para...

Sin tropiezo para no desacreditar.

    El apóstol Pablo explica a los creyentes en Corinto: “A nadie damos motivo alguno de tropiezo, para no desacreditar el servicio” (2ª Corintios 6:3). Y continúa diciendo: “Más bien, acreditamos nuestro servicio con sufrimientos, privaciones y angustias” (mismo verso). Afirmamos: ¡Con razón está tan desacreditado el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, si lo hemos prostituido haciendo creer a todo el mundo que en cuanto nos acercamos a Cristo nuestros problemas se desaparecen!. No decimos ni insinuamos que el seguir a Cristo sea una “tortura” continua, pero sí afirmamos lo que el mismo apóstol Pablo dijo: “El evangelio de la cruz de Cristo es una locura… para los que no creen! (1ªCorintios 1:18). El apóstol aún agrega: “En azotes, cárceles y tumultos, en trabajos pesados, desvelos y hambre”. Preguntamos: ¿Qué es lo que mueve o motiva a los falsos   predicadores a vivir declarando, exigiendo y ordenando lo contrario? Quizás, sea “ignorancia”, o peor aún, ¡El amor a...

El resultado. (Parte final).

  El ser inflexible en los pensamientos, las metas y en el obrar parece duro a muchas personas. Sin embargo, el apóstol Pablo escribiendo a los creyentes en Corintio les explica: “Dios es el que nos mantiene firmes en Cristo, El nos ungió como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestros corazones como garantía… ¿Por qué?, porque en él el sí es sí constantemente” (2ª Corintios 1:20-22). ¿Nos damos cuenta qué clase de vida espiritual nos ofrecería Dios, si no fuera inflexible en sus decisiones? ¿Qué clase de confianza pudiéramos tener en un Dios al cuál luchamos por serle fieles, y sin embargo él nos diga que hoy sí nos quiere y mañana no? ¿Que hoy nos diga sí te acepto y mañana no te quiero ni ver? Ese es uno de los principales valores de nuestra confianza en Dios, que su sí es sí… siempre (constantemente). Y nos anima a que seamos uno con él, para ello, nuestro sí debe ser sí y nuestro no un no… siempre. El resultado le dará la razón a nuestro Dios, pues no importa cuánto daño ...

El resultado. (Parte uno).

    Corrían los años 70s y una joven luego de un conflicto le escribió a un pretendiente: “No seas tan inflexible en la vida, pues sufrirás mucho y harás sufrir a otros”. Pero éste muchacho unos años después conoció a un Salvador de nombre Jesucristo, el cuál le enseñó y le probó que: “Su sí debía de ser sí; y que su no, debía de ser no… siempre” (Mateo 5:37). Muchos después de haber sido emitida esa expresión se ve más que cumplida, ese muchacho ha sufrió mucho en la vida, e hizo sufrir a muchas personas que le rodearon, PERO, si sumamos esos sufrimientos y los comparamos con los frutos, el resultado negativo no cubre ni la mitad de los buenos frutos obtenidos. En comparación, las personas “flexibles” (la Biblia las denomina de doble ánimo, Santiago 1:8) que crecieron con él han causado mucho más daño que las inflexibilidades de aquél joven.   ¿Por qué? Porque lo que ese joven practicó no fueron palabras ni ideas humanas necias, sino, sin saberlo hasta después, lo qu...

¿Por qué nos oponemos a vivir DE la Iglesia?

    Hemos sido duramente censurados y hasta expulsados de la congregación por oponernos a vivir DE la Iglesia. Pero nuestro punto es el siguiente: “Lastimosamente son muchísimas las ovejas lastimadas por éste tema, que no solamente se han apartado de la congregación sino también de Dios”. Y sostenemos nuestra argumento bajo la premisa del apóstol: “Vendrá tiempo cuando NO sufrirán la sana doctrina (Hechos 14:22), sino teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2ª Timoteo 4:3). Iniciemos por decir que concupiscencia significa en un principio: “Deseo de bienes materiales…”. ¿Cómo definimos entonces las palabras del Apóstol Pablo?   ¡Vendrá tiempo cuando NO sufrirán la doctrina de la cruz, sino tendrán deseos de poder y prosperidad, por ello se amontonarán maestros cuya finalidad es incitar a obtener bienes materiales!    El que tenga oídos para oír, que oiga; y el que tenga ojos para ver, que vea. Hoy en día, el M...

Las órdenes

  .   Una de las áreas en las que a los hombres (mujeres) nos cuesta cumplir en ésta vida es la de seguir instrucciones, obedecer las órdenes, seguir los lineamientos propuestos. Durante casi siete décadas hemos sido testigos, y, en ocasiones partícipes de las consecuencias de no seguir las órdenes y las instrucciones. La escritura es muy clara al respecto: “El que acata órdenes… NO recibirá daño alguno” (Eclesiastés 8:5). Y alguien podrá exponer: ¡Pero Cristo siguió las órdenes y murió!. Cierto, pero preguntamos ¿cuál fue el resultado?   ¡La salvación de todo aquél que quiera seguirlo! (Juan 3:16). Ahora bien, Caín, Acán, Judas y otros, no siguieron instrucciones y los resultados no fueron productivos como los del Cristo siendo obediente. Sería bueno recordar éste principio: Dice la escritura que somos soldados del ejército de Cristo (2ª Timoteo 2:3), y un soldado no hace más que acatar las órdenes, jamás dispone, pero sin olvidar que los líderes o siervos… también s...

¡Cuidado con los afanes!

  En ésta vida, en el tema del trabajo, hay dos clases de personas, las que se mantienen por trabajo propio y las que se mantienen del trabajo ajeno. A las segundas la escritura les censura diciendo: “El que no trabaja, que tampoco coma” (2ª Tesalonicenses 3:10); y a las primeras nos censura de ésta forma: “De qué sirve tanto afán en ésta vida, pues el fruto de tanto afán tendremos que dejarlo a los sucesores, y ¿quién sabe si serán sabios o necios? (Eclesiastés 2:18). Para quienes nos mantenemos afanados en el trabajo hay solución: “Buena es la sabiduría sumada a la heredad” (Eclesiastés 7:11), sin olvidar que Proverbios 22:6 incluye todas las áreas de la vida, no sólo la espiritual. No importa que tanto nos afanemos en el trabajo, si lo poco o mucho que dejemos, los herederos no lo sepan manejar, por no haber tenido quién los instruya. Ese, precisamente, fue y es el problema de los que viven del trabajo de otros, no tuvieron (o rechazan) quien los guiara, quien fuera su ejemplo...