¡Menos mal “ellos” no pensaron así! (Parte final).

 


 

Retomando el tema sí: “El creyente creyera qué NO tiene por qué sufrir, NO tiene por qué soportar, NO tiene por qué quedarse en donde la está pasando mal, creyera que SÍ tiene el derecho de renunciar a lo que le es desagradable”. Continuamos preguntando: Y, ¿Si Daniel se hubiera rendido al estar en la fosa de los leones… quién nos hubiera dado la explicación del final de los tiempos? (Daniel 9-12). Y, ¿Si Juan el Bautista no hubiera querido vivir en el desierto, vestido de piel de camello y comer limitado… quién nos hubiera presentado al Cristo? (Mateo 3:4). Y ¿Si el Cristo hubiera renunciado a la cruz… quién nos hubiera dado la salvación? (Juan 18:8). Y ¿Si los discípulos restantes hubieran tirado la toalla cuando asesinaron a Esteban, el primer mártir… quién nos hubiera traído el evangelio? (Hechos 7:55). RENUNCIAR a lo que nos es desagradable, a lo que no nos gusta, a lo que consideramos una injusticia… Si SOMOS (no si nos decimos) creyentes NO ES UNA OPCIÓN, es una justificación y muy pobre por cierto. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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