Entradas

Mostrando las entradas de enero, 2022

Un día específico.

    Con cuànta intensidad oramos cuando estamos en problemas, esos problemas la biblia los llama “desiertos”, y a los momentos de alegría y reposo que nos llegan los denomina “montañas o montes” (Salmo 23). Pues bien, què clase de vida tan distinta viviríamos si no fuera tan sólo en momentos de angustia que nos inclináramos ante nuestro Dios para honrarlo, adorarlo y tener un momento de comunicación con él. Nos narra la escritura que el profeta Daniel oraba todos los días, y que lo hacìa no solamente una sino tres veces al día (Daniel 6:10). Así, cuando llegó un día de angustia se puso a orar, y pasados 21 dìas un àngel se le apareció dicièndole: “No temas Daniel, porque desde el primer día que propusiste en tu corazón humillarte ante tu Dios, tus oraciones fueron escuchadas y respondidas, pero el prìncipe de Persia (satanàs) se opuso (Daniel 10:13). En otras palabras, desde el momento en que orò Daniel su oración no solamente fue escuchada sino respondida pero el tiempo l...

Y nacerà una nación en un día. (Parte tres).

    El pueblo de Dios huye disperso por todo el planeta, y permanece alejado de su tierra desde el año 70. Su incansable lucha por regresar a esa tierra que les había sido prometida la refleja la historia, hasta que el 29 de noviembre de 1947, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), decreta nuevamente el Estado de Israel asignándoles un territorio pequeño de esa tierra prometida de la cuál toman posesiòn el 14 de mayo de 1948. Naciendo así, una nación en un día, exactamente el cumplimiento de la profecìa dada por medio del profeta Isaìas siglos atrás (Isaìas 66:8). Tenemos què entender algo: “El tiempo de Dios no es el mismo tiempo del hombre”, no quiere decir que un instante o un minuto determinado no sea el mismo para el hombre como para Dios, sino simplemente que lo que él tiene determinado no se cumple cuando el hombre lo requiere sino cuando el tiempo de Dios es el adecuado (Daniel 2:21). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Y nacerà una nación en un día. (Parte dos).

    La historia nos muestra al pueblo de Israel, los descendientes del Padre Abraham, en Egipto (tierra extraña) siendo esclavos y sirviendo al Faraòn, pero, también nos muestra el cumplimiento de la profecìa 400 años después cuando en la cuarta generación, son liberados y llegan a tierra de Canaàn, la tierra prometida por Dios (Gènesis 15:18). Sin embargo, mucho tiempo después debido a la desobediencia a lo que Dios les había pedido guardar como estatutos y normas para cumplir diciéndoles: “No andèis en las costumbres de los pueblos” (Lèvitico 20:23) y no cumplieron, caen sobre el pueblo las consecuencias de sus malas decisiones, y, otro imperio (Romano) tan grande como el egipcio los toma, solamente que en èsta ocasión tratan de aniquilarlos, tanto así que destruyen su ciudad, su templo y los dispersa por el mundo (Emperador Tito, año 70). Así, aquèl pueblo que había recibido la promesa de una tierra la pierde por desobediencia. Señor: Danos un honesto celo por tu casa...

Y nacerà una nación en un día. (Parte uno).

  En Isaìas 66:8 leemos la expresión del profeta: ¿Nacerà una nación en un día?. Todo creyente está convencido que hace aproximadamente 4,000 años Dios le hablò a un hombre llamado Abraham y le dijo: “Deja tu tierra, tu parentela y la casa de tu padre, y ve, a la tierra que yo te mostrarè” (Gènesis 12:1). Abraham, le creyó a Dios, salió de Ur de los Caldeos dejó a sus dioses (Josuè 24.2), y echò manos a la obra partiendo por fe (Gènesis 11:31). Estando ya en tierra de Canaàn, recibe otra vez palabra, en èsta ocasión, una promesa: “Yo harè de tì una gran nación, y te bendecirè, y bendecirè a quienes te bendigan, y, maldecirè a quienes te maldigan” (Gènesis 12:3). Pero le explica tambièn: “Tus descendientes serán esclavos en tierra extraña, y estarán allí por 400 años, 4 generaciones para ser exactos” (Gènesis 15:13 y 16). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Las piedras hablarìan.

    Cristo está descendiendo por el monte de los Olivos para entrar a Jerusalèn como el Rey de reyes (Lucas 19). Y, en el trayecto las gentes lo aclaman, no por influencia social o por euforia sino porque habían sido testigos de milagros. Tales como sanaciòn de enfermos, ciegos que abrìan sus ojos, y, hasta resurrección de muertos. Así, el bullicio era enorme, de tal forma, que los fariseos ofendidos le dicen a Cristo: “Maestro, has que estos callen” (Lucas 19:39). Pero Cristo les responde: “Si estos callan, entonces las piedras hablaràn por ellos” (verso 40). Ahora, estudiando la vida e historia de Israel en tiempos de Daniel nos enteramos que, antiguamente, los babilónicos escribían la historia en piedras. Dichas piedras fueron guardadas en vasijas en cuevas, un grupo de las cuales fueron encontradas en 1854 siendo denominadas “Las vasijas Babilònicas escritas en idioma acadio” (vea Wilkipedia). “Casualmente” en dichas vasijas se mencionan el cautiverio del pueblo de Isr...

Y será confirmado el monte de la casa de Jehovà.

    El profeta Isaìas nos anunciò 27 siglos atrás que Israel sería otra vez nación, y que todos los pobladores del mundo tendrìan que honrarla como tal (Isaìas 2:2). En el año 70 de nuestra era, el imperio romano destruyò el templo del pueblo de Dios y destruyò también a Jersusalèn expulsando a todo judío al exilio. Durante 300 años aproximadamente predicar el evangelio en el nombre de Jesús era condenado con la muerte por todo el imperio Romano. Hasta que, precisamente otro emperador romano de nombre Constantino, convierte las creencias judías en oficiales del imperio (Edicto de MIlàn 313. Constantino también fue promotor del primer concilio de Nicea en el 325, llamado así, porque en el 787 hubo otro en la misma ciudad, aunque como creyentes sabemos que el primer concilio cristiano fue efectuado por los apòstoles en Hechos 15).   Volviendo al tema, al ser obligatoria la creencia, inicia una persecución a todos aquellos que no quisieran convertirse. Hecho por el cuál,...

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno!

    Cuando Jehovà eligió a un pueblo por medio de Abraham, le dejó leyes muy claras y precisas. El pacto era que quien las cumpliera tendría bendición, pero quien no las cumpliera tendría maldiciones horribles (vea Deuteronomio 28 completo). Y, uno de los conceptos que nos hace caer en maldición es: “Llamar bueno a lo malo, y, malo a lo bueno”. Hoy, se nos están queriendo imponer conceptos totalmente opuestos a las leyes de Dios, implantando precisamente esa premisa. Ahora bien, lo que conocemos como malo no lo es por gusto, Dios no nos prohibió algo por capricho, sino porque tiene una razón y una consecuencia. El comer ciertos animales por ejemplo nos enferma. El que los hombres tengan intimidad con personas promiscuas o animales trae enfermedades serias; el abusar del necesitado no es astucia ni sìntoma de ser buen comerciante, simplemente, es avaricia. Dios nos está protegiendo de tener desagradables consecuencias. No permitamos que nos convenzan que lo malo es bueno, o...

¡Ay de los que juntan casas a casas, y añaden heredad tras heredad!

    Si algo lastima y enardece el corazón de nuestro Dios es el hecho de pasar por encima de los derechos y las necesidades del pobre y menesteroso. En el capítulo 3 de Isaìas vemos cómo sucede eso, pues Jehovà reclama a aquellos que están en el poder el hecho de haber devorado la viña de los pobres (verso 14). Y el resultado lo vemos durante toda la historia. Sì, el poderoso abusa de su puesto en el gobierno, en una empresa o de su dinero despojando al pobre y al necesitado de sus pertenencias, pero, tienen la maldición en casa. Pues sus esposas no son fieles, sus hijos caen en despilfarro, en vicios, sus hijas se prostituyen, ellos mismos son promiscuos, tenièndolo todo viven sin agrado, escondidos, se acuestan sin sueño ni reposo, etc. La falta de amor a Dios y al pròjimo no les permite dormir en paz (Salmo 4:8). Nunca abusemos del pobre, de la viuda, del huèrfano, del anciano, del extranjero, ni del menesteroso. Selah.   Señor: Danos un honesto celo por tu cas...

Y les pondrè jóvenes por príncipes y les harán violencia

    Cuando el pueblo de Israel pecò contra Dios, El decidiò poner jóvenes por príncipes y muchachos por señores del pueblo (Isaìas 3:4). Y, ¿Cuàl es el resultado? Que los jóvenes por su inexperiencia se envanecieron y actuaron insensatamente oprimiendo al pueblo, provocando violencia unos contra otros. Así, como nos dice la escritura que todo aquèl contra quien Jehovà esté aireado caerà en manos de una mujer fácil y adùltera (Proverbios 22:14), de la misma manera todo pueblo que no siga las reglas, las normas, los estatutos establecidos por Dios, tendrá que lidiar con príncipes jóvenes y con muchachos necios, inexpertos y enfatuados como señores en el poder. Pregunta: ¿Acaso no es en mucho, lo que estamos viviendo a nivel mundial con tanto líder joven, inexperto y como si fuera poco “corruptos”, que por oportunismos están llegando al poder? Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

El pecado no se expìa con dinero.

    El mundo y la religión nos hacen creer que quien peca y hace buenas obras puede nivelar su situación moral con Dios, la escritura es clara cuando nuestro Dios por medio del profeta Isaìas nos dice: “Para què me sirve la multitud de vuestros sacrificios” (Isaìas 2:11). Y sigue sumando lo siguiente: “No me traigáis más VANA ofrenda, vuestro incienso me es abominación; que convoquen asambleas no lo soporto, y, me son iniquidad vuestras fiestas solemnes” (Isaìas 2:13). ¿Hasta cuándo entenderemos que todo lo que se puede comprar con dinero será comprado, pero que Dios no tiene precio? Más de una vez el Señor nos dejó claro que él prefiere que tengamos “misericordia y conocimiento de su corazón” más que sacrificios y ofrendas (Oseas 6:6 y Mateo 9:10-13); que la hipocrecìa de congregarnos cuando no estamos buscando la santidad sino tan sólo aparentàndola (Mateo 23:13,15,16,23, y especialmente el 25 y 27). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Estaba profetizado.

    A todos aquellos que tenemos temor de Dios no nos asombran los acontecimientos que estamos viviendo a nivel moral del mundo pues estaba profetizado. Como que, las influyentes y retorcidas organizaciones humanas nos quieren obligar a aceptar sistemas de vida contrarios a la ley de Dios (vea Levìtico 18 completo). Ahorillàndonos a aceptar relaciones entre hombres con hombres; mujeres con mujeres; hombres y mujeres con animales o cosas, corrupción, etc. De tal forma se está tratando de implantar, que ya llegamos a la profecìa dicha hace 27 siglos por el profeta Isaìas: “Echaràn mano de un hombre siete mujeres en aquèl tiempo (el nuestro), diciendo: nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos con nuestras ropas, SOLAMENTE permìtenos llevar tu nombre, QUITA nuestro oprobio” (Isaìas 4:1). Debido a las influencias satánicas de esas organizaciones (que ya más bien son deshechos humanos) ya los jóvenes se unen pero no se casan, no quieren formar una familia, no quieren ...

La misericordia sobre todo y sobre todos.

  Saùl cometió muchos errores (envidia, vanidad, desobediencia, conspiración, etc), lo que le trajo los juicios de Dios encima a él y a los suyos. Pero hasta en esa situación vemos la mano de Dios sobre sus elegidos. Dios, nos permite hacer uso o mal uso de nuestro libre albedrìo, y, a pesar que tomemos malas decisiones su misericordia no se apartarà. Saùl se obsesiona con aniquilar a David y en su afán, pierde la vida él y hace que sus hijos también la pierdan (1ª Samuel 31:2 y 6). Sin embargo, vemos la profecìa que Dios le envìa llena de misericordia: “Mañana, tú y tus hijos… estarán conmigo” (1ª Samuel 28:19). Y alguien preguntarà: ¿Pero cómo, puede tener misericordia una sentencia de muerte para mì y mis hijos?. Pues durante toda la escritura vemos que cuando Dios no la tiene de alguien simplemente dice: “Y murió y fue sepultado” (Lucas 16:22). Pero a Saùl le dice: “estaràs conmigo”. Clamemos por misericordia de parte de Dios para nosotros y los nuestros a pesar de nuestros e...

El final de los conspiradores.

  Saùl, desde que supo que David sería su sucesor, había conspirado para matarle sin parecer que fuera por su voluntad y mano sino por la de sus enemigos (1ª Samuel 18:25). Pero como el hombre puede engañar al hombre no así a Dios, Dios había enviado profecìa a Saùl diciéndole: “El Señor entregará a Israel contigo en manos de los filisteos, por tanto, mañana estaréis tú y tus hijos conmigo” (1ª Samuel 28:19). Y exactamente así se cumplió, pues al día siguiente Saùl y sus hijos fueron perseguidos, derrotados y aniquilados por los filisteos (1ª Samuel 30:2 y 6). Siempre las escrituras, la historia, y las experiencias nos muestran que las decisiones que tomamos tienen consecuencias. Por ello es tan importante que las tomemos de la mano de Dios y no a criterio propio, con orgullo, con egoísmo, con vanidad, o peor aún altaneramente. Saùl con sus malas decisiones se afectò personalmente y a su descendencia. Meditemos.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Partes iguales.

  David regresa victorioso de en contra sus enemigos. Antiguamente, al terminar las batallas los ejércitos triunfadores regresaban al campo de batalla al día siguiente para despojar a los muertos de sus pertenencias para luego repartirlas entre ellos (botìn de guerra lo llamaban) (1ª Samuel 30:20 y 31:8). Y, al estar ya de regreso en su tierra se encuentran con una discusión, pues los que habían batallado pensaban que quienes se quedaron y no lucharon no tenían derecho a dicho botìn (verso 22). Pero David sabiamente responde dejándonos una hermosa lección también a nosotros: “Tanto merece botìn quien pelea en la batalla como quien queda cuidando el bagaje” (verso24). Nunca pensemos que la victoria la llevaremos a final feliz SOLOS, y mucho menos pensemos que alguien que no “batallò” pero “sì apoyò” no merece parte de los despojos. Selah. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Nunca dejemos abandonado a un enfermo

    David va tras su gente, y, en el camino, encuentra a un egipcio tirado en el campo con sed y con hambre y le pregunta: ¿Quièn eres tú?, y el joven responde: “Soy siervo de un amanecita y mi amo me dejó abandonado hoy hace tres días porque yo estaba enfermo” (1ª Samuel 30:13). Y ese enfermo y abandonado” llevó a David al campamento enemigo a vencerlo y destruirlo. Por experiencias ajenas y propias tanto positivas como negativas, podemos expresar que JAMÀS se debe abandonar a alguien enfermo y cuidarlo según las necesidades del enfermo y las posibilidades propias. La maldición que entra a la persona que abandona a un enfermo, a las personas que los rodean, o que dependen de ella son destructivas. Sin embargo, las bendiciones que trae el servir, atender, y cuidar a un enfermo son incalculables, tanto así, que hasta el fin eterno de nuestras almas está en esas acciones (Mateo 25:31-46). Meditemos. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

La angustia está a todo nivel.

  Cuando iniciamos la caminata cristiana no son pocos los que llegamos a creer, que, al estar sirviendo al Señor ya no tendremos angustias, que seremos parte de un grupo privilegiado que ya no tendrá penas ni limitaciones, y más, si por destino físico nos ha tocado una congregaciòn de paz, poder y prosperidad que nos hacen creer que el reino ya lo estamos viviendo, cuando Cristo fue muy claro al decir que NO (Juan 18:36). Cristo NUNCA nos ofreció un camino adornado con pétalos de rosas si le seguíamos, es más, ofreció TODO lo contrario: “Si ALGUIEN quiere ser mi discípulo TOME SU CRUZ y entonces que me siga” (Mateo 16:24). David, el ungido de Jehovà, regresa a casa y ve que todo el pueblo ha sido tomado, incluyendo sus dos esposas (Abigaìl y Ahinoam) (1ª Samuel 30:5). Y dice la escritura que se ANGUSTIÒ. Tenemos què entender algo, el camino de un creyente no es una fiesta como muchos lo creen, y, si somos de los que lo dudan bàstenos con estudiar la vida de los profetas, de Juan ...

Por sus errores los conoceréis.

Saùl, en su afán de saber què pasarìa en el futuro consulta a una adivina con la cuál comete varios errores: Primero, desobedece las leyes de Dios (Levìtico 19:31); luego, se disfraza tratándola de engañar pero èsta se da cuenta (1ª Samuel 28:8); ademàs, la hace desobedecer una orden que él mismo había dado (mismo 9); tambièn, jura en vano por el nombre de Jehovà (verso 10); y por último, le pide que llame a un muerto, Samuel (verso 11). Cuando alguien pierde la unciòn de Dios, o, simplemente nunca la ha tenido lo veremos cometer errores tan graves que serán evidentes y serán descubiertos. La prueba en el caso de Saùl es, que, la adivina lo descubre y se lo hace saber (verso 13). Y termina el asunto entre Jehovà, Samuel y Saùl, entendiendo Saùl què: “Jehovà, se habìa apartado de èl”. Clamemos de todo corazón para que Jehovà nuestro Dios NUNCA nos diga semejante declaración. Meditemos. Señor: Danos un honesto celo por tu casa  

Difícil tener respuestas cuando estamos mal con Dios.

  Saùl destila mucho odio contra David, al extremo que deja los asuntos del reino solamente para perseguir a su pequeño enemigo. Samuel, a quien Saùl consultaba ya había muerto (1ª Samuel 28:3), entonces se decide, como hacemos nosotros, en “último extremo” consultar a Jehovà què hacer, pero resulta que Jehovà no le responde ni por suertes ni por sueños (1ª Samuel 28:6). Por lo que en contra de la ley de Dios y de la que él mismo había establecido va y busca una adivina (verso 7). No podemos esperar respuestas de nuestro Dios cuando no estamos a cuentas con él. Mucho menos esperar que él nos de la forma de acabar con nuestros enemigos cuando la razón de que lo sean es por nuestra culpa, por nuestros errores, envidia, celos, contiendas, o, malas decisiones. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No se extiende la mano contra el ungido de Jehovà.

    David tiene la oportunidad de quitar la vida a Saùl cuando èste se resguarda en una cueva en el desierto de Engadi (1ª Samuel 24:2). Pero, le dice a Saùl: “Aunque Jehovà te ha puesto hoy en mis manos, no te la quitarè porque eres el ungido de Jehovà” (1ª Samuel 24:10). Muchos, pero muchos son los autonombrados lìderes en la actualidad, que, tomando èsta referencia están abusando de las ovejas del Señor, sojuzgàndolas, explotándolas, comiendo sus lanas, y manipulándolas con miedo con el pretexto que ellos son los ungidos del Señor, y que por ello, no pueden ser tocados ni señalados. Cristo desnudò por completo a esa clase de liderazgo en Mateo 23, cuando les dijo: “Hipòcritas, generación de víboras, que ni entràis al reino ni dejàis entrar a otros” (vea los 7 ayes en Mateo 23). Un ungido de Dios ¡No lo anda proclamando… se le nota!, los que lo declaran más bien son URGIDOS de Jehovà. Cristo dijo: “Por sus obras los conoceréis”. Clamemos al cielo para no ser nosotros los...

¿En dónde se escondió David de Saùl?

    ¡En el desierto de Zif! (1ª Samuel 23:14). Contrario a lo que la mayoría de personas pensamos, el desierto es un lugar de refugio excelente. El pueblo de Israel estuvo prácticamente guardado en el desierto por 40 años. Juan el Bautista estuvo escondido en el desierto hasta antes de iniciar su ministerio (Marcos 1:4 y 6). Jesús mismo se refugiò en el desierto para guardarse y santificarse por 40 dìas antes de su ministerio (Lucas 4:1-2). En el final de los tiempos Jehovà promete a su pueblo nuevamente guardarlo en el desierto (Apocalipsis 12:6) ¿Por què? Porque está profetizado y destinado a ser perseguido, pero, Dios también ha declarado que èste será sobrenaturalmente guardado para mostrar su gloria. En Apocalipsis vemos cómo satanàs no puede tocar al Hijo nacido dentro de la mujer, ni a la mujer (Apocalipsis 12:5-6). Pero tenemos què entender también que, el desierto nuestro, el de la iglesia, el del pueblo de Dios NO es necesariamente un desierto lleno de arena o no...

Nuestra cueva de Adulam.

  David huye de Saùl para no ser ejecutado y nos cuenta la escritura que se refugia en una cueva llamada Adulam. Nos narra también que junto a David se fueron los afligidos; todos los que estaban endeudados y todos los que estaban amargados de espíritu (1ª Samuel 22:1-2). Cuando nosotros nos sentimos perseguidos por las situaciones de la vida y buscamos consuelo, difícilmente podemos recibir consuelo o compañía de personas que nunca han tenido una angustia; que están en òptimas situaciones emocionales, o, estables econòmicamente pues difícilmente nos comprenderán, es más, algunas hasta nos evitaràn. Por lo general el consuelo y la compañía viene de personas que han pasado o están pasando las mismas situaciones nuestras. Sin embargo, el verdadero consuelo lo recibimos de Dios si lo buscamos, pues es una promesa de él: “Si en el día de la angustia clamas a mì, yo te responderè” (Salmo 50:15). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.