La angustia está a todo nivel.
Cuando iniciamos la
caminata cristiana no son pocos los que llegamos a creer, que, al estar
sirviendo al Señor ya no tendremos angustias, que seremos parte de un grupo
privilegiado que ya no tendrá penas ni limitaciones, y más, si por destino físico
nos ha tocado una congregaciòn de paz, poder y prosperidad que nos hacen creer
que el reino ya lo estamos viviendo, cuando Cristo fue muy claro al decir que NO
(Juan 18:36). Cristo NUNCA nos ofreció un camino adornado con pétalos de rosas
si le seguíamos, es más, ofreció TODO lo contrario: “Si ALGUIEN quiere ser mi
discípulo TOME SU CRUZ y entonces que me siga” (Mateo 16:24). David, el ungido
de Jehovà, regresa a casa y ve que todo el pueblo ha sido tomado, incluyendo
sus dos esposas (Abigaìl y Ahinoam) (1ª Samuel 30:5). Y dice la escritura que
se ANGUSTIÒ. Tenemos què entender algo, el camino de un creyente no es una
fiesta como muchos lo creen, y, si somos de los que lo dudan bàstenos con estudiar
la vida de los profetas, de Juan el Bautista, de Cristo, de los discípulos, y
hoy en día de los verdaderos lìderes y misioneros, y confirmaremos que sin
llevar la cruz: ¡No tenemos al Cristo ni al evangelio verdaderos! (Hechos
14:22). Meditemos.
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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