Entradas

Mostrando las entradas de noviembre, 2020

Alta traición.

  Dios guía a Jeremías a que le explique al pueblo lo siguiente: “Así como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se avergonzará la casa de Israel” (Jeremías 2:26). ¿Por qué Dios manda éste mensaje? Porque “empezando” por sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas hasta llegar al pueblo, en lugar de adorar a Dios en Espíritu y en verdad: Le han dicho a un leño:” Mi Padre eres tú”; y a una piedra: “Tú me has engendrado” (Jeremías 2:26b-27). Eso Dios lo califica como “idolatría”, y para el Señor la idolatría es “alta traición” (Deuteronomio 27:1-3). Pues cuando les abrió el campo para tomar la tierra prometida también les dijo: Cuando entres en la tierra que el SEÑOR TU DIOS te da, NO aprenderás a hacer las cosas ABOMINABLES de esas naciones y la idolatría era precisamente de las más comunes” (Deuteronomio 18:9).   Muchos son actualmente quienes creen que tener una imagen de madera, piedra u oro NO es idolatría, pero Dios dice lo contrario (No te harás imagen ni...

No has de pervertir la tierra. (Parte final).

  Ahora bien, ¿por qué tanta explicación del matrimonio si el tema es pervertir la tierra?. Por la sencilla razón que TODO el plan de Dios para la eternidad, y por lo que creó al hombre, es para que al final de la historia SU Hijo tenga una boda con una esposa (Apocalipsis 19:7), y esa esposa heredará la tierra (Apocalipsis 21:1-3) pero, esa esposa tiene que ser sin mancha, sin arruga y santa, en otras palabras gloriosa (Efesios 5:27). Por ello, cuando NO honramos nuestras creencias acerca de Dios y de la figura del matrimonio, estamos pervirtiendo nuestra tierra y descalificándonos para poder ser parte de “la” esposa. Dios anhela que todos lleguemos a esa boda, pero si cumplimos los requisitos (Juan 3:16-19). Parece difícil el camino al ojo humano pero si nos tomamos de la mano del Cristo, ese camino se hace fácil. ¡No pervirtamos nuestra tierra! Meditemos Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No has de pervertir la tierra. (Parte cuatro).

    Ahora bien, muchos celan a sus parejas… pero no las cuidan; muchos se molestan porque otros la sirvan o la atiendan… pero ellos no lo hacen; es más, se molestan si alguien las mira, habla o les pone atención… pero ellos no tienen intimidad con ella o él. ¡Exactamente eso pasa con Dios!   Muchos celan a muerte su religión… pero no tienen una relación íntima con ella mucho menos con Dios, cuando él desea que así como somos “uno” con la pareja también lo seamos con él (Génesis 2:24). Decir que tenemos una religión o que creemos en Dios, pero no honrarlo, no respetarlo, no buscarlo a diario, no ponerlo en primer lugar por sobre todo… es adulterar. Y el adulterio es “pervertir la tierra”. Ahora bien, cuando se habla de pervertir la tierra ¿Estaremos hablando del metro cuadrado de tierra que ocupamos? ¡NO solamente!, estamos hablando nuestro cuerpo (el verdadero templo); de nuestra familia (el primer prójimo que Dios nos proveyó); y de nuestros hijos (la herencia que Di...

No has de pervertir la tierra. (Parte tres).

    Continúa diciéndonos el apóstol lo siguiente: “La mujer NO se separe del marido” (1ª Corintios 7:10). Aquí se habla de “separación” en el sentido del “divorcio”, prueba de ello es que más adelante se habla de un “segundo” matrimonio (verso 11). Ahora bien, alguien expondrá: Pero conozco personas creyentes que se han divorciado, cierto, pero entre los separados, algunos van con la bendición de Dios otros no, veamos: Primero, Dios juzga cada caso por separado y nadie le da consejo a él (Isaías 40:13-14). Segundo, Dios, por medio de su Hijo Jesucristo nos dice, que SOLO hay una excepción a la regla de la separación matrimonial: “El adulterio” (Mateo 5:32). Y ¿por qué es la única excepción?, pues porque el matrimonio es hasta que la muerte los separe a ambos (1ª Corintios 7:39). Y, cuando el Cristo habla acerca del tema se refiere a la ley antigua escrita respecto al adulterio en Números 20:10 que dice: “Indefectiblemente (los dos adúlteros) morirán lapidados ese mismo día...

No has de pervertir la tierra. (Parte dos).

  Un buen matrimonio NO es conformado por dos personas “buena gente que viven juntas”. NO es eso lo que la biblia nos enseña. Veamos cómo lo explica el apóstol Pablo lleno del Espíritu Santo en un mensaje a los Corintios: 1- El marido cumpla con su mujer el deber conyugal, y así mismo la mujer con el marido (1ª Corintios 7:3). ¿Cuál es el deber conyugal del hombre: “Mantener” a la esposa; ¿Cuál es el deber conyugal de la esposa: “Servir” al marido… Esto implica que las necesidades “básicas” de cada uno estén cubiertas, según los “recursos” tanto humanos como económicos lo permitan. Pues una mujer enferma no tiene la obligación de servir, pero un hombre que da todos sus recursos económicos para cubrir necesidades tampoco tiene por qué sufrir acoso.   2- La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer (1ª. Corintios 7:4). ¿Qué implica esto? Implica una intimidad buena, completa y san...

No has de pervertir la tierra. (Parte uno).

    Cuando Dios separó a un grupo de gente “eligiéndola” para ser su pueblo, lo hemos demostrado muchas veces (Génesis 12:1-5), le dio lineamientos de vida (Deuteronomio 28). Esos lineamientos se basan principalmente en el amor a él (Deuteronomio 6:13), y, en el amor al prójimo (Mateo 22:37-39). Del amor a Dios ya hemos mostrado lo que las escrituras ven como seguir y adorar a Dios o a otros dioses. Pero ahora veremos lo que nos dice del amor al prójimo, entendiendo esto primero: “Que la primera institución que Dios formó fue la familia”. Por lo tanto, luego de tener una relación íntima, diaria, personal y franca con nuestro Dios, lo que sigue es tener una vida matrimonial estable, íntima, diaria, personal y franca como familia. ¡Ese tipo de matrimonios serán un ejemplo bueno para otras personas de lo contrario no”, faltar a ese compromiso es pervertir la tierra (1ª Corintios 7:2-4). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Ni los pueblos impíos cambiaron a sus dioses.

  La preparación de la sentencia sobre su pueblo la presenta Dios diciéndoles: “Ni siquiera los pueblos impíos cambian a sus dioses, aunque no son dioses, como vosotros lo habéis hecho” (Jeremías 211). “Hoy, estamos en las mismas”. La iglesia de Dios se ha llenado de gentes que hemos olvidado todos los beneficios que Dios nos ha dado, y damos por sentado que como hijos de Dios “merecemos” todo y de todo, y como no es así, entonces cambiamos a nuestro Dios por pequeños dioses. Ya no vemos la iglesia o la congregación como un centro de adoración verdadero a Dios, sino como un medio de sobrevivencia; llegamos a comerciar nuestros productos; llegamos a divertirnos o entretenernos con música no sacra ni agradable a Dios sino al hombre; llegamos a ver cómo solucionamos nuestros problemas con la mano humana y no esperando la intervención divina; llegamos buscando una varita mágica que acabe con nuestras angustias; llegamos a buscar el mejor consejo humano y no el de Dios. Sí, hemos camb...

Cuando andabas en tierra no sembrada.

    En el libro de Jeremías, en el capítulo 2 y verso 2 se nos enseña una lección de vida para que seamos agradecidos. Nos narra el profeta que hubo un tiempo en el que Israel le era fiel a tal grado a Dios, que en cuanto sus enemigos le hacían algo eran destruidos (verso 3). ¿Cuándo sucedió todo esto? Cuando Israel pasaba por el desierto (analogía de malos tiempos). Pero, sucedió que en cuanto esos malos tiempos (desierto) pasaban, entonces el pueblo se olvidaba de Dios. ¡Cuánta semejanza con nosotros!. Es increíble cómo clamamos a Dios en los momentos oscuros, en los momentos difíciles, en los momentos de estrechez que vivimos… pero, en cuanto el Señor nos saca de esos tiempos, simplemente nos olvidamos de él.    Con razón el salmista nos enseñó: ¡Bendice alma mía a Jehová… y NO OLVIDES ninguno de sus beneficios! (Salmo 103:2). Si, ¡NO OLVIDEMOS! ninguno de tantos y tantos favores que el Señor nos ha hecho. No hablamos de ser perfectos, hablamos de ser agradeci...

No tuvieron miedo… al contrario.

    No importa qué edad tengamos, cada día que nos pasa por encima es un día menos de vida, un día menos con el que contamos, un día menos en el que quizás perdimos la última oportunidad de una excelente eternidad. Decimos viejo al que cumple 70 años, pero es más viejo el que tiene 7, 27 o 37 y no llegará a cumplir 8, 28 o 38. El punto es que todos moriremos tarde o temprano y no debemos tener temer. Cristo nos narró que cuando murió un mendigo: “Fue llevado por los ángeles al seno de Abraham” (Lucas 16:22). Nos narran los historiadores bíblicos que: Esteban, el primer mártir de la iglesia cuando fue apedreado vio con sus ojos materiales el cielo abierto y al Cristo sentado a la diestra del Padre (Hechos 7:55). A los creyentes preguntamos: ¿Con éstas evidencias, hemos de tener miedo que cada día estemos más cerca de la muerte? Al contrario, nuestro corazón debiera “regocijarse” como dijo el Cristo, pues nuestra redención está cada día más cercana (Lucas 21:28).   ...

¡Ese día llegará!

  Hay personas que no lo creen, y, entre los creyentes lo hemos escuchado tanto que ya nos acostumbramos, pero: ¡Hay un día, y ese día llegará y pronto! ¿A cuál día nos referimos? Al día que Dios juzgará los pecados de cada persona en todo el mundo a la luz de la sangre de Cristo (Romanos 2:16). De ese día, decía el apóstol Pablo, fue el evangelio que le dijeron en los cielos que predicara. Un evangelio duro pero sincero, efectivo y práctico (2ª. Corintios 21.2). Un evangelio que nos lleva al bienestar espiritual y no al material necesariamente (1ª Samuel 2:7-8). Un evangelio que nos pone rendidos a y en las manos del Cristo, el Unigénito del Padre. No aquél evangelio que nos hace creer que todo saldrá bien por obligación, sino aquél que nos enseña que el diluvio está allí… pero lo pasaremos de la mano de Dios como Noé. Aquél evangelio que nos dice: ¡No temas… porque YO estoy contigo! (Isaías 41:10). Y por qué dice: “Yo te ayudaré…” simplemente porque vamos a necesitar ayuda, con...

A veces hay que declarar… a veces ocultar.

  Dios es soberano, él decide cuándo y cómo callar o declarar un asunto. Ejemplos de ello son: Daniel, cuando explicando los asuntos del final de los tiempos es guiado por Dios a hacer silencio, y, a ni siquiera escribir del asunto (Daniel 12:4). Pero hay ocasiones en las cuales Dios es exageradamente claro, y pide, no solamente que se escriba acerca del asunto sino que se escriba claramente y con letra grande, ese fue el caso en los tiempos de Isaías cuando le habla acerca del rey de Asiria que invadirá y quitará la riqueza de Damasco (Isaías 8:1-7). Solamente estando en comunicación diaria y personal con Dios sabremos si es tiempo de callar o tiempo de hablar. Si es tiempo de dar explicaciones o no. Pero, en éstos tiempos, estamos por vivir el descubrimiento de la declaración a Daniel, cuando aquello que un día fue vedado tendrá que ser descubierto y con letras grandes (Daniel 12:4b).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

La mujer casada… está ligada a su marido. (Parte final).

    El gran plan de Dios para la humanidad es la Boda de su Hijo Primogénito con su esposa (Apocalipsis 19:7). ¿Entendemos el por qué el matrimonio terrenal es tan importante para Dios? Porque es una parábola, un símbolo de lo que será la boda de su Hijo. El matrimonio es el medio ideal para que lleguemos a la “santidad” que él nos pide (Levítico 20:7). Ahora bien, Dios conoce el corazón humano mejor que nosotros mismos, así, él mismo no da lineamientos para cuando hay fallas dentro del matrimonio, veamos: 1- Cristo dijo en persona: Que la ÚNICA razón para poder separarse en el matrimonio es el adulterio (Mateo 5:32): 2- Dios, dijo: Quienes cometen adulterio deben morir el mismo día que son descubiertos (Levítico 20:10), esa es la razón por la cual quien es “ofendido” en un matrimonio, sí puede volver a casarse mientras que el “ofensor” no (pues antes se convertía en un viudo-a físico, hoy lo son espiritualmente). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

La mujer casada… está ligada a su marido. (Parte uno).

  Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (esto incluía a la mujer como especie) (Génesis 2:18). Dios conoce que la soledad en un ser humano NO es conveniente, por ello, lo incita a unirse a una mujer o a la mujer a un hombre (Génesis 2:24). Y, los declara UNA sola carne. Esto es: Un solo sentir, un solo camino, un solo pensamiento, una sola meta, un solo deseo… hasta que la muerte los separe (1ª. Corintios 7:39). Insiste en decir “ambos” fueron hechos a su imagen y semejanza (Génesis 1:27). Cuando da los lineamientos para la unión de la pareja es claro en decir que se unen material o físicamente “prioritariamente” para la procreación y multiplicación de la especie sin límite alguno (*) (Génesis 1:28). Para éste propósito proveyó al hombre con espermas y a la mujer con óvulos (**). Y, en el sentido espiritual con el propósito de ayudarse a buscar la santidad como la que él tiene (Levítico 20:7); y para éste segundo propósito nos explica cómo, no viendo ni tocando a ter...

Acuarela o Acrílica… El agua lo dirá.

    Nos dice la escritura que solamente hay una verdad, la palabra de Dios (Juan 8:32), es más, termina diciendo el verso que “esa” única verdad es la que nos dará libertad. Pues bien, hay formas distintas de pintar esa verdad, se puede pintar con acuarela o se puede con pintura acrílica. Pintarla con acuarela es muy fácil, rápido y práctico, pintarla con acrílico lleva más tiempo, más costo y más trabajo. El punto final de la discusión llegará cuando el agua caiga sobre esa pintura. El gran problema es que las escrituras nos dicen que no viene agua sino lo que viene es una tormenta como el ser humano JAMÁS la ha vivido (Mateo 24:21; Marcos 13:19 y Lucas 21:23). Podemos defender a muerte nuestra verdad de acuarela pero el agua de la tormenta nos mostrará que esa verdad no es duradera porque no era la correcta. Eso pasa con las religiones y el evangelio. Las religiones son de acuarela pero el evangelio es acrílico (una relación íntima con Cristo). Meditemos. Señor: Danos ...

¡Ese… puede ser usted; ese quiero ser yo!

    Imagínese que hay dos puertas que dan a dos habitaciones distintas, una está completamente vacía, la otra en cambio tiene la respuesta que usted ha buscado siempre. Ahora, imagínese que está una persona delante suyo y le señala “sin engaño y sin interés alguno” la puerta correcta para que usted obtenga esa respuesta. ¿Le gustaría?. Bueno, en otro sentido, la escritura nos dice que: “Existen maestros aduladores que no soportan la sana doctrina sino son maestros conforme a sus propios deseos” (2ª Timoteo 4:3). El punto principal de éste asunto, es, que tanto usted como yo, podemos ser parte de los maestros buenos que sí soportan la sana doctrina. Y ¿Cuál es la sana doctrina? La doctrina de Jesucristo dijo el apóstol Pablo a los Gálatas: “La doctrina de un Cristo crucificado” (Gálatas 3:1-3). ¡Un Cristo en espíritu no de carne!, en otras palabras una gloria espiritual, no terrenal, ni de bienes materiales o riquezas. Repetimos: Tanto usted como yo podemos ser de esos maes...

Ese juez llamado tiempo.

    En el Instituto Bíblico nos enseñaron que el tiempo es un paréntesis entre dos eternidades, y la escritura nos muestra que ese período de espacio es TODO lo que el hombre tiene para definir su lugar en la eternidad (Eclesiastés 12:13-14). No hay nada malo o bueno… que el tiempo no lo descubra, lo destruya o lo afirme (Marcos 4:22). TODO aquello que hicimos en la oscuridad, en la intimidad, a escondidas será algún día de conocimiento público (Apocalipsis 20:12). Se atribuye al gran Abraham Lincoln éste pensamiento: “Podrás engañar a todo el mundo algún tiempo; podrás engañar a algunos todo el tiempo; pero, nunca podrás engañar a todos todo el tiempo”. Y, la escritura dice: “A Dios nadie le burla” (Gálatas 6:7). A nadie nos gusta que nos juzguen directa o indirectamente, por ello, cuando alguien nos señala directamente le rechazamos, y, cuando alguien dice una verdad que “creemos” nos atañe entonces buscamos defensas, justificaciones, excusas que… ese juez llamado tiempo...

Hay esperanza para todos. (Parte final).

    Un ejemplo de la restauración de Dios la vemos en el libro de Daniel, en donde un impío, un gentil, un hombre que no conocía a Dios se ensoberbece, Nabucodonosor, y Dios lo castiga haciéndolo como una bestia del campo (Daniel 9:25). Y, sin embargo, al cabo de siete años de estar en esa condición, luego de que su “razón” le es devuelta y reconoce que Dios está por sobre todas las cosas, y que NO es el hombre quien gobierna sino los cielos (Daniel 9:32y35). Entonces, Dios le restableció otra vez en su trono (Daniel 9:36). Eso nos debiera motivar a nosotros a: Uno, no desmerecer a Dios en ninguna circunstancia; y dos, no creer ciertamente que podemos vivir en cualquier pecado porque Dios nos va a perdonar, pero sí, a pensar que cualquiera que haya sido nuestro pecado, siempre y cuando lo dejemos atrás y no lo repitamos… Dios está dispuesto a redimirnos. Esa es nuestra esperanza. Selah. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Hay esperanza para todos. (Parte dos).

    Si cuando éramos enemigos de Dios porque no le conocíamos y vivíamos por nuestras pasiones, él nos escuchó y nos salvó (Romanos 5:10), cómo, ¿ahora que ya le conocemos no tendrá él misericordia de nuestras faltas?   Eso nos enseña el apóstol Pablo. Ahora bien, el punto NO es pecar porque ahora entendemos que el perdón está al alcance de nuestras manos. Sino que ahora no pecamos por amor y gratitud por lo que hizo por nosotros (1ª Tesalonicenses 5:18). Sería como que ahora que ya nos casamos y logramos conquistar a nuestra pareja, la engañemos pues nos tiene que perdonar. ¡NO!, si realmente la amamos, entonces por ese mismo amor y por gratitud a que nos acepta con todos nuestros defectos y errores… no la deshonramos.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Hay esperanza para todos. (Parte uno).

    Llevar las normas establecidas por Dios al extremo (Eclesiastés 7:16). Nos ha hecho sentir cucarachas, nos ha hecho sentir que no valemos nada, nos ha hecho desvalorizarnos a nosotros mismos. No promovemos con esto el orgullo y la vanidad, sino tan sólo sostenemos que: “Si Dios ya nos limpio, ni siquiera nosotros mismos podemos decir que somos o seguimos estando sucios” (Hechos 10:15). El hecho es que, llevar las normas espirituales al extremo nos destruye, cuando Dios por medio de su Hijo Jesucristo nos llamó a salvación y libertad (Juan 3:16 y Gálatas 5:1),   y, recalcamos: “Libertad, no libertinaje”. En todo caso, el mismo Espíritu de Dios nos definió a “La religión pura y sin mácula”, como asistir a la viuda y al huérfano, no como un conjunto de normas, reglas, ritos y tradiciones   humanas (Santiago 1:27), qué, al no poder cumplirlas nos hacen sentir mal, cuando Dios nos llamó a tener paz y libertad (2ª Corintios 3:17). Señor: Danos un honesto celo por...

¡Declaran guerra contra ellos!

    Esta, es increíblemente, una expresión de “malos líderes del pueblo de Dios” en contra de quienes no hacen lo que ellos quieren pero que tuvieron como consecuencia un cuestionamiento de Dios hacia ellos.   Veamos cómo lo mandó expresar: “Vosotros (líderes) que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos” (Miqueas 3:2-3). Y, ¿cuál fue la sentencia de Dios sobre ese tipo de líderes? ¡Clamaréis a Jehová… y NO seréis escuchados” (Miqueas 3:4). Y ¿a quienes más llama la atención Jehová en éste mismo contexto?   A los falsos profetas. Y, ¿quiénes eran los falsos profetas?   ¡Los que proclamaban PAZ a quienes les ponían comida sobre su mesa, pero declaraban la guerra a quienes no les daban de comer! (Miqueas 3:5). Preguntamos: ¿Hay acaso alguna diferencia el día de hoy?. ¿Vemos erradicados esos interese...

¿Quién lo dispuso?... ¡Jehová!.

    Cada vez que algo “desagradable” nos sucede, iniciamos a buscar culpables, casi siempre le echamos la culpa a alguien cercano muy pocas veces a nosotros mismos. Pero el punto es éste: “Casi nunca nos convencemos de quién es el culpable, por una simple razón… no lo hay”. Veamos el caso de Jonás: ¿Quién le habló a Jonás?... Jehová (Jonás 1:1). ¿Quién hizo levantar la tormenta en el mar?... Jehová (Jonás 1:4). ¿Quién hizo como quiso los eventos?... Jehová (Jonás 1:14). ¿Quién preparó un gran pez para que se tragara a Jonás?... Jehová (Jonás 1:17). ¿Quién mandó al pez a vomitar a Jonás?... Jehová (Jonás 2:10). ¿Quién habló a Jonás por segunda vez?... Jehová (Jonás 3:1). Ahora bien, ¿Cuando Jonás se da cuenta de qué está pasando, de quién lo preparó todo, de quién domina la situación, a quién recurre?... A Jehová (Jonás 2.1). La pregunta para nosotros es: ¿En nuestras angustias, a quién acusamos, o mejor aún a quién recurriremos, si quien preparó todo fue Jehová?. Como Jonás,...