No has de pervertir la tierra. (Parte tres).
Continúa diciéndonos
el apóstol lo siguiente: “La mujer NO se separe del marido” (1ª Corintios
7:10). Aquí se habla de “separación” en el sentido del “divorcio”, prueba de
ello es que más adelante se habla de un “segundo” matrimonio (verso 11). Ahora
bien, alguien expondrá: Pero conozco personas creyentes que se han divorciado,
cierto, pero entre los separados, algunos van con la bendición de Dios otros
no, veamos: Primero, Dios juzga cada caso por separado y nadie le da consejo a
él (Isaías 40:13-14). Segundo, Dios, por medio de su Hijo Jesucristo nos dice,
que SOLO hay una excepción a la regla de la separación matrimonial: “El
adulterio” (Mateo 5:32). Y ¿por qué es la única excepción?, pues porque el
matrimonio es hasta que la muerte los separe a ambos (1ª Corintios 7:39). Y,
cuando el Cristo habla acerca del tema se refiere a la ley antigua escrita
respecto al adulterio en Números 20:10 que dice: “Indefectiblemente (los dos
adúlteros) morirán lapidados ese mismo día”. Indefectiblemente quiere decir que
“no hay otra solución”, por lo que las parejas de los difuntos serían viudo-a
respectivamente (ese mismo día), en cuyo caso SI pueden volver a casarse (1ª
Corintios 7). Por lo tanto puede “volver” a casarse el ofendido (que siga vivo
espiritualmente), no así el ofensor (que está muerto espiritualmente).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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