La duda razonable que sembramos los creyentes. (Parte uno).
En términos jurídicos significa que: “Las proposiciones que la fiscalía presenta, no tienen ninguna duda que la persona acusada pudiera ser inocente”. Es el abogado defensor el encargado de “sembrar” la duda razonable para poder absolver al acusado. Ahora bien, el punto al que queremos llegar es en la vida de nosotros los creyentes, cómo, para poder “justificar” nuestras acciones equivocadas, nosotros mismos sembramos dudas razonables hasta con la biblia en la mano, para así “estar tranquilos” con lo que hicimos o estamos haciendo, y encima decir: “A mí, nadie me juzga, yo me arreglo con Dios”. Alguien que dijo lo mismo fue el rey David, y sus consecuencias fueron mucho más serias de lo que él mismo pensó (2ª Samuel 24). Señor: Danos un honesto celo por tu casa.