Un tesoro en vasos de barro.

 


Excelencia, es lo que esperamos recibir cuando vamos, por ejemplo, a un establecimiento costoso para darnos un gusto gastronómico. Y, ya no digamos la excelencia que esperamos de alguien que nos predique la palabra de Dios. Pero, hemos de recordar que ese tesoro de Dios fue puesto, lamentablemente, en manos de barro… nuestras manos (2ª Corintios 4:7). Es por ello, que fallamos, pues los hay que predican con conocimiento y los que no tanto; los que predican elocuente y los que no tanto; los que convencen y los que no tanto. El punto es, que siendo humanos y de barro, muchos nos equivocamos, y en momentos puntuales no damos el testimonio adecuado. Pero existe también una diferencia: Hay quienes se equivocan por inocencia y hay quienes se equivocan con conocimiento de causa, en descubrir la diferencia está el acercarnos a los “verdaderos” hombres de Dios a pesar de sus errores.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.