¡No es injusticia! (Parte final).

 


Ninguna persona en estado mental normal se alegra o desea el mal a otra, pero el punto es que ese mal sucede a muchos. Y, como vimos, generalmente es por la desobediencia a los lineamientos que Dios nos ha dado (Génesis 4:7).  Veamos algunos puntos: ¿Por qué una persona fiel en su matrimonio, nunca se contagia de una enfermedad de transmisión sexual o tiene hijos con otra mujer? Porque por amor y gratitud respeta el mandamiento de Dios de honrarlo, honrando su juramento matrimonial (Proverbios 18:22).

 

¿Por qué una persona no pierde su casa en una apuesta de naipes, de juegos, etc.? Porque no tiene vicios (se aparta del mal) sino se deleita en la obra que Dios está haciendo en él y los suyos (Salmo 34:14). Los males o las situaciones desagradables que nos llegan, generalmente, son como una consecuencia de nuestros actos equivocados y erróneos, no porque Dios sea malo o ingrato. Repetimos: ¡De nosotros dependen las decisiones, si las tomamos apegados a la ley de Dios, nada puede salir mal al final de las andadas. Es curioso que cuando todo sale bien, nosotros nos atribuimos la victoria; pero cuando todo sale mal le echamos la culpa a Dios.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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