Hay esperanza para todos. (Parte dos).

 


 

Si cuando éramos enemigos de Dios porque no le conocíamos y vivíamos por nuestras pasiones, él nos escuchó y nos salvó (Romanos 5:10), cómo, ¿ahora que ya le conocemos no tendrá él misericordia de nuestras faltas?  Eso nos enseña el apóstol Pablo. Ahora bien, el punto NO es pecar porque ahora entendemos que el perdón está al alcance de nuestras manos. Sino que ahora no pecamos por amor y gratitud por lo que hizo por nosotros (1ª Tesalonicenses 5:18). Sería como que ahora que ya nos casamos y logramos conquistar a nuestra pareja, la engañemos pues nos tiene que perdonar. ¡NO!, si realmente la amamos, entonces por ese mismo amor y por gratitud a que nos acepta con todos nuestros defectos y errores… no la deshonramos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.