Hay esperanza para todos. (Parte final).
Un ejemplo de la
restauración de Dios la vemos en el libro de Daniel, en donde un impío, un
gentil, un hombre que no conocía a Dios se ensoberbece, Nabucodonosor, y Dios
lo castiga haciéndolo como una bestia del campo (Daniel 9:25). Y, sin embargo,
al cabo de siete años de estar en esa condición, luego de que su “razón” le es
devuelta y reconoce que Dios está por sobre todas las cosas, y que NO es el
hombre quien gobierna sino los cielos (Daniel 9:32y35). Entonces, Dios le
restableció otra vez en su trono (Daniel 9:36). Eso nos debiera motivar a
nosotros a: Uno, no desmerecer a Dios en ninguna circunstancia; y dos, no creer
ciertamente que podemos vivir en cualquier pecado porque Dios nos va a
perdonar, pero sí, a pensar que cualquiera que haya sido nuestro pecado,
siempre y cuando lo dejemos atrás y no lo repitamos… Dios está dispuesto a
redimirnos. Esa es nuestra esperanza. Selah.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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