No has de pervertir la tierra. (Parte cuatro).

 


 

Ahora bien, muchos celan a sus parejas… pero no las cuidan; muchos se molestan porque otros la sirvan o la atiendan… pero ellos no lo hacen; es más, se molestan si alguien las mira, habla o les pone atención… pero ellos no tienen intimidad con ella o él. ¡Exactamente eso pasa con Dios!  Muchos celan a muerte su religión… pero no tienen una relación íntima con ella mucho menos con Dios, cuando él desea que así como somos “uno” con la pareja también lo seamos con él (Génesis 2:24). Decir que tenemos una religión o que creemos en Dios, pero no honrarlo, no respetarlo, no buscarlo a diario, no ponerlo en primer lugar por sobre todo… es adulterar. Y el adulterio es “pervertir la tierra”. Ahora bien, cuando se habla de pervertir la tierra ¿Estaremos hablando del metro cuadrado de tierra que ocupamos? ¡NO solamente!, estamos hablando nuestro cuerpo (el verdadero templo); de nuestra familia (el primer prójimo que Dios nos proveyó); y de nuestros hijos (la herencia que Dios nos dio) (Génesis 2:7).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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