¿Quién lo dispuso?... ¡Jehová!.

 

 

Cada vez que algo “desagradable” nos sucede, iniciamos a buscar culpables, casi siempre le echamos la culpa a alguien cercano muy pocas veces a nosotros mismos. Pero el punto es éste: “Casi nunca nos convencemos de quién es el culpable, por una simple razón… no lo hay”. Veamos el caso de Jonás: ¿Quién le habló a Jonás?... Jehová (Jonás 1:1). ¿Quién hizo levantar la tormenta en el mar?... Jehová (Jonás 1:4). ¿Quién hizo como quiso los eventos?... Jehová (Jonás 1:14). ¿Quién preparó un gran pez para que se tragara a Jonás?... Jehová (Jonás 1:17). ¿Quién mandó al pez a vomitar a Jonás?... Jehová (Jonás 2:10). ¿Quién habló a Jonás por segunda vez?... Jehová (Jonás 3:1). Ahora bien, ¿Cuando Jonás se da cuenta de qué está pasando, de quién lo preparó todo, de quién domina la situación, a quién recurre?... A Jehová (Jonás 2.1). La pregunta para nosotros es: ¿En nuestras angustias, a quién acusamos, o mejor aún a quién recurriremos, si quien preparó todo fue Jehová?. Como Jonás, posiblemente escapemos o nos justifiquemos una vez pero no siempre.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

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