Hay esperanza para todos. (Parte uno).
Llevar las normas establecidas
por Dios al extremo (Eclesiastés 7:16). Nos ha hecho sentir cucarachas, nos ha
hecho sentir que no valemos nada, nos ha hecho desvalorizarnos a nosotros
mismos. No promovemos con esto el orgullo y la vanidad, sino tan sólo
sostenemos que: “Si Dios ya nos limpio, ni siquiera nosotros mismos podemos
decir que somos o seguimos estando sucios” (Hechos 10:15). El hecho es que,
llevar las normas espirituales al extremo nos destruye, cuando Dios por medio
de su Hijo Jesucristo nos llamó a salvación y libertad (Juan 3:16 y Gálatas
5:1), y, recalcamos: “Libertad, no libertinaje”.
En todo caso, el mismo Espíritu de Dios nos definió a “La religión pura y sin
mácula”, como asistir a la viuda y al huérfano, no como un conjunto de normas,
reglas, ritos y tradiciones humanas
(Santiago 1:27), qué, al no poder cumplirlas nos hacen sentir mal, cuando Dios
nos llamó a tener paz y libertad (2ª Corintios 3:17).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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