¡Ese día llegará!
Hay personas que no
lo creen, y, entre los creyentes lo hemos escuchado tanto que ya nos acostumbramos,
pero: ¡Hay un día, y ese día llegará y pronto! ¿A cuál día nos referimos? Al
día que Dios juzgará los pecados de cada persona en todo el mundo a la luz de
la sangre de Cristo (Romanos 2:16). De ese día, decía el apóstol Pablo, fue el
evangelio que le dijeron en los cielos que predicara. Un evangelio duro pero
sincero, efectivo y práctico (2ª. Corintios 21.2). Un evangelio que nos lleva
al bienestar espiritual y no al material necesariamente (1ª Samuel 2:7-8). Un
evangelio que nos pone rendidos a y en las manos del Cristo, el Unigénito del
Padre. No aquél evangelio que nos hace creer que todo saldrá bien por
obligación, sino aquél que nos enseña que el diluvio está allí… pero lo pasaremos
de la mano de Dios como Noé. Aquél evangelio que nos dice: ¡No temas… porque YO
estoy contigo! (Isaías 41:10). Y por qué dice: “Yo te ayudaré…” simplemente
porque vamos a necesitar ayuda, contrario al seudo evangelio de paz, poder y
prosperidad que nos engaña con: “Lo mejor está por venir” (desviando lo
espiritual a lo material). El seudo evangelio del yo declaro; yo decreto; yo
proclamo, sin tomar en cuenta ¿Cuál es
la voluntad perfecta de Dios para cada situación o individuo?
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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