No has de pervertir la tierra. (Parte dos).
Un buen matrimonio NO
es conformado por dos personas “buena gente que viven juntas”. NO es eso lo que
la biblia nos enseña. Veamos cómo lo explica el apóstol Pablo lleno del
Espíritu Santo en un mensaje a los Corintios: 1- El marido cumpla con su mujer
el deber conyugal, y así mismo la mujer con el marido (1ª Corintios 7:3). ¿Cuál
es el deber conyugal del hombre: “Mantener” a la esposa; ¿Cuál es el deber
conyugal de la esposa: “Servir” al marido… Esto implica que las necesidades
“básicas” de cada uno estén cubiertas, según los “recursos” tanto humanos como
económicos lo permitan. Pues una mujer enferma no tiene la obligación de
servir, pero un hombre que da todos sus recursos económicos para cubrir
necesidades tampoco tiene por qué sufrir acoso.
2- La mujer no tiene potestad sobre su propio
cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio
cuerpo, sino la mujer (1ª. Corintios 7:4). ¿Qué implica esto? Implica una
intimidad buena, completa y sana. No se vale que el hombre abuse o humille
íntimamente a la mujer, pero tampoco se vale que una haga chantaje al otro por
su cuerpo. El apóstol afirma: “No os neguéis (intimidad) el uno al otro, a no
ser que sea tiempo de oración” (1ª Corintios 7:5), Lo que significa que NO cabe
un me duele la cabeza, estoy cansado-a, y mucho menos un si me compras lo que
quiero entonces sí.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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