¡Ese… puede ser usted; ese quiero ser yo!
Imagínese que hay dos
puertas que dan a dos habitaciones distintas, una está completamente vacía, la otra
en cambio tiene la respuesta que usted ha buscado siempre. Ahora, imagínese que
está una persona delante suyo y le señala “sin engaño y sin interés alguno” la
puerta correcta para que usted obtenga esa respuesta. ¿Le gustaría?. Bueno, en
otro sentido, la escritura nos dice que: “Existen maestros aduladores que no
soportan la sana doctrina sino son maestros conforme a sus propios deseos” (2ª
Timoteo 4:3). El punto principal de éste asunto, es, que tanto usted como yo,
podemos ser parte de los maestros buenos que sí soportan la sana doctrina. Y
¿Cuál es la sana doctrina? La doctrina de Jesucristo dijo el apóstol Pablo a
los Gálatas: “La doctrina de un Cristo crucificado” (Gálatas 3:1-3). ¡Un Cristo
en espíritu no de carne!, en otras palabras una gloria espiritual, no terrenal,
ni de bienes materiales o riquezas. Repetimos: Tanto usted como yo podemos ser
de esos maestros buenos.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario