¡Ay de los que a lo malo dicen bueno!

 


 

Cuando Jehovà eligió a un pueblo por medio de Abraham, le dejó leyes muy claras y precisas. El pacto era que quien las cumpliera tendría bendición, pero quien no las cumpliera tendría maldiciones horribles (vea Deuteronomio 28 completo). Y, uno de los conceptos que nos hace caer en maldición es: “Llamar bueno a lo malo, y, malo a lo bueno”. Hoy, se nos están queriendo imponer conceptos totalmente opuestos a las leyes de Dios, implantando precisamente esa premisa. Ahora bien, lo que conocemos como malo no lo es por gusto, Dios no nos prohibió algo por capricho, sino porque tiene una razón y una consecuencia. El comer ciertos animales por ejemplo nos enferma. El que los hombres tengan intimidad con personas promiscuas o animales trae enfermedades serias; el abusar del necesitado no es astucia ni sìntoma de ser buen comerciante, simplemente, es avaricia. Dios nos está protegiendo de tener desagradables consecuencias. No permitamos que nos convenzan que lo malo es bueno, o, que lo bueno es malo porque pagaremos muy caras las consecuencias.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.