Nunca dejemos abandonado a un enfermo

 


 

David va tras su gente, y, en el camino, encuentra a un egipcio tirado en el campo con sed y con hambre y le pregunta: ¿Quièn eres tú?, y el joven responde: “Soy siervo de un amanecita y mi amo me dejó abandonado hoy hace tres días porque yo estaba enfermo” (1ª Samuel 30:13). Y ese enfermo y abandonado” llevó a David al campamento enemigo a vencerlo y destruirlo. Por experiencias ajenas y propias tanto positivas como negativas, podemos expresar que JAMÀS se debe abandonar a alguien enfermo y cuidarlo según las necesidades del enfermo y las posibilidades propias. La maldición que entra a la persona que abandona a un enfermo, a las personas que los rodean, o que dependen de ella son destructivas. Sin embargo, las bendiciones que trae el servir, atender, y cuidar a un enfermo son incalculables, tanto así, que hasta el fin eterno de nuestras almas está en esas acciones (Mateo 25:31-46). Meditemos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.