Difícil tener respuestas cuando estamos mal con Dios.

 


Saùl destila mucho odio contra David, al extremo que deja los asuntos del reino solamente para perseguir a su pequeño enemigo. Samuel, a quien Saùl consultaba ya había muerto (1ª Samuel 28:3), entonces se decide, como hacemos nosotros, en “último extremo” consultar a Jehovà què hacer, pero resulta que Jehovà no le responde ni por suertes ni por sueños (1ª Samuel 28:6). Por lo que en contra de la ley de Dios y de la que él mismo había establecido va y busca una adivina (verso 7). No podemos esperar respuestas de nuestro Dios cuando no estamos a cuentas con él. Mucho menos esperar que él nos de la forma de acabar con nuestros enemigos cuando la razón de que lo sean es por nuestra culpa, por nuestros errores, envidia, celos, contiendas, o, malas decisiones.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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