Un día específico.

 


 

Con cuànta intensidad oramos cuando estamos en problemas, esos problemas la biblia los llama “desiertos”, y a los momentos de alegría y reposo que nos llegan los denomina “montañas o montes” (Salmo 23). Pues bien, què clase de vida tan distinta viviríamos si no fuera tan sólo en momentos de angustia que nos inclináramos ante nuestro Dios para honrarlo, adorarlo y tener un momento de comunicación con él. Nos narra la escritura que el profeta Daniel oraba todos los días, y que lo hacìa no solamente una sino tres veces al día (Daniel 6:10). Así, cuando llegó un día de angustia se puso a orar, y pasados 21 dìas un àngel se le apareció dicièndole: “No temas Daniel, porque desde el primer día que propusiste en tu corazón humillarte ante tu Dios, tus oraciones fueron escuchadas y respondidas, pero el prìncipe de Persia (satanàs) se opuso (Daniel 10:13). En otras palabras, desde el momento en que orò Daniel su oración no solamente fue escuchada sino respondida pero el tiempo lo controlaba Dios. La lección acaso sea que debemos orar todos los días, sabiendo y entendiendo, que tarde o temprano nuestra oración será respondida.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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