El pecado no se expìa con dinero.
El mundo y la religión nos hacen creer que quien peca y
hace buenas obras puede nivelar su situación moral con Dios, la escritura es
clara cuando nuestro Dios por medio del profeta Isaìas nos dice: “Para què me
sirve la multitud de vuestros sacrificios” (Isaìas 2:11). Y sigue sumando lo
siguiente: “No me traigáis más VANA ofrenda, vuestro incienso me es
abominación; que convoquen asambleas no lo soporto, y, me son iniquidad
vuestras fiestas solemnes” (Isaìas 2:13). ¿Hasta cuándo entenderemos que todo
lo que se puede comprar con dinero será comprado, pero que Dios no tiene precio?
Más de una vez el Señor nos dejó claro que él prefiere que tengamos
“misericordia y conocimiento de su corazón” más que sacrificios y ofrendas
(Oseas 6:6 y Mateo 9:10-13); que la hipocrecìa de congregarnos cuando no
estamos buscando la santidad sino tan sólo aparentàndola (Mateo 23:13,15,16,23,
y especialmente el 25 y 27).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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