¡Ay de los que juntan casas a casas, y añaden heredad tras heredad!

 


 

Si algo lastima y enardece el corazón de nuestro Dios es el hecho de pasar por encima de los derechos y las necesidades del pobre y menesteroso. En el capítulo 3 de Isaìas vemos cómo sucede eso, pues Jehovà reclama a aquellos que están en el poder el hecho de haber devorado la viña de los pobres (verso 14). Y el resultado lo vemos durante toda la historia. Sì, el poderoso abusa de su puesto en el gobierno, en una empresa o de su dinero despojando al pobre y al necesitado de sus pertenencias, pero, tienen la maldición en casa. Pues sus esposas no son fieles, sus hijos caen en despilfarro, en vicios, sus hijas se prostituyen, ellos mismos son promiscuos, tenièndolo todo viven sin agrado, escondidos, se acuestan sin sueño ni reposo, etc. La falta de amor a Dios y al pròjimo no les permite dormir en paz (Salmo 4:8). Nunca abusemos del pobre, de la viuda, del huèrfano, del anciano, del extranjero, ni del menesteroso. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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