Lo que no (a)preciamos lo perdemos. (Parte uno).
(A)preciar: Según el
diccionario de nuestra lengua significa: “Reconocer el valor, la calidad o el
mérito de algo o de alguien”. Y, tanto la vida material como la espiritual nos
muestran que cuando algo o alguien NO es preciado o apreciado, simplemente se
pierde por descuido. Veamos algunos ejemplos: “Adán y Eva fueron puestos en un
paraíso, en un edén, en un lugar de paz y recogimiento como todos hemos soñado
siempre… pero, NO lo (a)preciaron, el resultado fue que lo perdieron (Génesis
3:24). Esaú tenía el privilegio de la primogenitura… pero, NO la (a)preció, el
resultado fue que la perdió aunque después lo lamentó con lágrimas (Génesis
25:32 y Hebreos 12:17). El Faraón tuvo a todo un pueblo (Israel) como esclavos,
con ellos a su servicio pudo realizar obras que aún vemos en nuestros días…
pero, NO los (a)preció, el resultado fue que los perdió (Exodo 12:36-38).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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