El por qué de los nombres.
Siempre se han dado
para reconocer a las personas; para identificarlas por obligaciones y derechos,
y hasta creemos hacerlo para perpetuar una tradición. Pero antiguamente los
nombres significaban mucho más. Tanto así, que hubo ocasiones en las cuales
Dios les cambió el nombre a algunas personas o indicó qué nombre ponerles. Veamos: Le cambió
el nombre a Abram, Sarai, y a Jacob. E indicó qué nombre ponerle a Juan el
Bautista y al Cristo. Veamos: Abram, (Génesis 11:26) cuyo significado era “El
Padre enaltecido” a Abraham (Génesis 17:5) que significa “Padre de
muchedumbres”. A Sarai (Génesis 11:29) cuyo significado es “Soberana” lo cambió a Sara cuyo significado es
“Princesa” (Génesis 17:15). A Jacob, (Génesis 25:26) que significa “Engañador”
(Génesis 27:35) a Israel (Génesis 32:28) que significa “El que lucha con Dios”
(mismo verso). A Juan el Bautista expresó que le pusieran así y que no le
pusieran Zacarías (Lucas 1:59-60). Zacarías significa “Jehová ha recordado” y
Juan “Fiel a Dios”; así Al Cristo expresó le pusieran “Emanuel” que significa
“Dios con nosotros (Mareo 1:23). Nuestro nombre tiene un significado y marca un
camino, sería bueno identifiquemos el nuestro.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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