Apocalipsis no era el techo… era y es el cimiento. (Parte tres).

 


Como hemos visto en otros pasajes de la escritura, Dios eligió a Abraham, siendo un gentíl incircunciso para hacer un pueblo para sí (Génesis 11:27-32 y Josué 24:2). A ese pueblo al que conocemos en términos generales como Israel, Hebreos o Judíos, se le dieron estrictas normas y reglas de vida en un Pacto Antiguo (Levítico 20 y Deuteronomio 5 y 28). Dichas normas y reglas NO fueron cumplidas, así que, Dios ofreció hacer OTRO pacto, en el cuál incluiría a un pueblo ajeno al suyo (Jeremías 31:1 y 31; Oseas 2:23 y Romanos 9:25). Ese nuevo pacto que Dios ofreció hacer, incluía nuevas normas de vida, las cuales eran mucho más sencillas de poder cumplirse para alcanzar los objetivos (Hebreos 8:13), y, que, incluían también una absolución de pecado más alcanzable, pues ya no era por sacrificios de sangre animal sino por gracia debido al sacrificio de un Cordero perfecto (Efesios 2:8-9). Y de eso nos habló el Cristo en Hebreos 1:1-2 y Apocalipsis 1:1 como cimientos no como techo.

Nota: Este nuevo pacto incluía a un pueblo (todo el mundo) que no era su pueblo, pero sin EXCLUIR a los de su pueblo antiguo (Israel, Hebreos o Judíos) que quisieran seguirle. Era “agregar” a un pueblo, NO “sustituir” a un pueblo. (Efesios 1:9-10; 2:19; 3:5).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.