¡Cuidado con los afanes!

 


En ésta vida, en el tema del trabajo, hay dos clases de personas, las que se mantienen por trabajo propio y las que se mantienen del trabajo ajeno. A las segundas la escritura les censura diciendo: “El que no trabaja, que tampoco coma” (2ª Tesalonicenses 3:10); y a las primeras nos censura de ésta forma: “De qué sirve tanto afán en ésta vida, pues el fruto de tanto afán tendremos que dejarlo a los sucesores, y ¿quién sabe si serán sabios o necios? (Eclesiastés 2:18). Para quienes nos mantenemos afanados en el trabajo hay solución: “Buena es la sabiduría sumada a la heredad” (Eclesiastés 7:11), sin olvidar que Proverbios 22:6 incluye todas las áreas de la vida, no sólo la espiritual. No importa que tanto nos afanemos en el trabajo, si lo poco o mucho que dejemos, los herederos no lo sepan manejar, por no haber tenido quién los instruya. Ese, precisamente, fue y es el problema de los que viven del trabajo de otros, no tuvieron (o rechazan) quien los guiara, quien fuera su ejemplo, quien los corrigiera. La escritura aquí (Eclesiastés 2:18) nos enseña que diligentes sí… pero afanados no. Quizás una lección de la pandemia es que las personas son las importantes. Meditemos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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