Las órdenes
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Una de las áreas en
las que a los hombres (mujeres) nos cuesta cumplir en ésta vida es la de seguir
instrucciones, obedecer las órdenes, seguir los lineamientos propuestos.
Durante casi siete décadas hemos sido testigos, y, en ocasiones partícipes de
las consecuencias de no seguir las órdenes y las instrucciones. La escritura es
muy clara al respecto: “El que acata órdenes… NO recibirá daño alguno”
(Eclesiastés 8:5). Y alguien podrá exponer: ¡Pero Cristo siguió las órdenes y
murió!. Cierto, pero preguntamos ¿cuál fue el resultado? ¡La salvación de todo aquél que quiera
seguirlo! (Juan 3:16). Ahora bien, Caín, Acán, Judas y otros, no siguieron
instrucciones y los resultados no fueron productivos como los del Cristo siendo
obediente. Sería bueno recordar éste principio: Dice la escritura que somos
soldados del ejército de Cristo (2ª Timoteo 2:3), y un soldado no hace más que
acatar las órdenes, jamás dispone, pero sin olvidar que los líderes o siervos…
también son soldados, y quien pone las normas es Dios (Hechos 5:29).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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