No nos cansemos de dar y hacer el bien.
Cuando de dar se trata los hombres (mujeres) somos un poco
“quisquillosos” (que con facilidad nos ofendemos por pequeñeces). Con sólo que
la persona que está recibiendo algo no lo aprecie; que no nos dè las gracias;
que crea que se lo merece todo, etc. ya nos ofendemos y dejamos de darle. La
escritura nos enseña que “independientemente” del comportamiento de la otra
persona: “No nos cansemos de dar” (Gàlatas 6:9). También es verdadero que hay
personas que “merecen” recibir no solamente por lo bueno que han hecho en el
pasado, sino porque hoy están en donde están NO por ser negligentes sino por
circunstancias de la vida, y, esas son las personas a las cuales debemos
volcarnos. No pretende Dios que un “vago” viva de regalado ni mucho menos con
participación nuestra (2ª Tesalonicenses 2:10).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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