El premio de los perdedores: Es el olvido.
El ser humano tiende a recordar al primer lugar, pero casi
nunca al segundo a no ser por condiciones especiales. Recordaremos quien fue el
campeón mundial de una desciplina en tal año, pero quizás no recordamos a quién
le ganó. Así, preguntaríamos lo siguiente: ¿Sabrìa usted estudioso de las
escrituras, responder quienes eran: ¿Samùa; Safat, Igal, Palti, Gadiel, Gadi,
Amiel, Setur, Nahbi, y Geuel? ¡Seguramente
que no! Pero si a esos 10 nombres les agregamos los de Caleb y Josuè, entonces
inmediatamente los asociamos a los 12 espìas israelitas que fueran enviados a
inspeccionar la tierra de Canaàn antes de ser tomada (Nùmeros 13:4-15). Y,
seguramente entenderemos el por què los nombres de Josuè y Caleb sean tan
recordados pero los otros no. Entendamos algo, el premio de los perdedores es
el olvido. Pero a nosotros, su pueblo, Dios nos ha enviado a ser ganadores: de
almas (Mateo 28:19); y, a ser ganadores en la vida (Deuteronomio 28:1-14).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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