Cuando se ès un elegido hay injurias y envidias.

 


Los filisteos tenían entre sus guerreros a varios hombres catalogados como gigantes, pues eran muy altos y fuertes, estos amedrentaban a los hijos de Israel, y llega el día que los retan para ver què pueblo servirà como esclavo al otro (1ª Samuel 17). Los tres hijos mayores de Isaì están enlistados en el ejército israelì, pero al igual que todos los demás, son atemorizados por un filisteo llamado Goliat (1ª Samuel 17:4). David es enviado a llevar viandas a sus hermanos, y, al enterarse de tal situación se apresta a aceptar el reto contra el gigante. Su hermano mayor entonces “justificando” su falta de valor le declara a David: “Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, por eso has venido” (1ª Samuel 17:28). Pero David NO era nada de eso, sino fue enviado y respaldado por Dios para vencer al gigante como lo vemos en el verso 51. El último recurso que utilizó su hermano para “justificarse” fue la injuria y la envidia. Suele suceder y lo que es peor suele sucedernos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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