No comeremos hasta que…
Samuel luego de
observar a todos los hijos de Isaì que están en la casa no siente la paz y la
guía de Dios, entonces pregunta: ¿Son estos, todos tus hijos? (1ª Samuel
16:11). Cuando escucha que hay otro pero pequeñito que está cuidando las
ovejas, exclama: “Envìa por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él
venga aquí” (mismo verso). Así debemos ser y hacer nosotros, nunca debemos dar
un segundo paso si no hemos dado el primero, y especialmente si èste es o
representa algo espiritual. La responsabilidad que tenemos ante Dios es
prioritaria y màs importante que cualquier otro motivo. Miremos lo que dice
Cristo siglos después: “¿Quièn es pues, el sirvo fiel y prudente, al cual puso
su señor sobre su casa para que les dè el alimento a tiempo? Bienaventurado
aquel siervo al cuál, cuando su señor venga, y le halle haciendo así” (Mateo
24:45-46). Cuando Dios nos da una misión, no podemos ni debemos posponerla, y
menos, por asuntos personales y materiales. No nos sentemos a comer hasta que…
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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