No menospreciemos lo que Dios nos da.

 


Dios había dicho a Samuel que elegìa a Saùl para ser rey sobre Israel (1ª Samuel 9:2 y 10:1). Y le proveyó a Saùl de todo lo necesario para que así fuera, ser hijo único, para que no tuviera que disputar con nadie el puesto; ser hermoso, para poder ser aceptado por todos; un profeta idóneo con autoridad, para poderlo empoderar a él también; un pueblo descontento, para que estuviera abierto a recibirlo; un pueblo enemigo como los filisteos, para que hubiera una razón de ser, etc. Pero Saùl menospreciò TODO y lo hecho a perder a tal punto que hizo que a Dios le pesara haberlo puesto por rey (1ª Samuel 15:11). ¡No menospreciemos lo que Dios ha hecho por y para nosotros!, NO creamos que nos merecemos estar en donde estamos o que hemos hecho méritos suficientes para tener lo que tenemos. ¡NO!, Job entendía esos términos mejor que nadie cuando luego de perder todo, y, que hasta la esposa le dijera: ¡Ya, maldice a tu Dios y muèrete! (Job 2:9), exclamò: ¡Jehovà es quien da, y Jehovà es quien quita! (Job 1:21). Repetimos, no menospreciemos lo que Dios nos da… no lo podemos sino lo vamos a lamentar.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.