Jehovà es quien pesa las acciones.
Penina, una de las dos
esposas de Elcana, se burlaba de Ana porque èsta no podía tener hijos pero Ana,
aunque sufría, llevaba su carga al altar de Dios no a la venganza personal (1ª
Samuel 1:9). Y tuvo Dios a bien escucharla y concederle su petición. Fue así
como naciò Samuel (1ª Samuel 1:20), y, tal como lo había prometido cuando
Samuel fue destetado fue llevado a la casa de Dios para quedarse a servir allí
(1ª Samuel 1:28). Luego de entregar a su hijo al servicio de Dios Ana orò así:
“Mi corazón se regocija en Jehovà… por cuanto me alegrè en tu salvación…Jehovà
mata, y él da vida…èl levanta al pobre del muladar y exalta al menesteroso y lo
hace sentar entre príncipes y heredar un sitio de honor” (1ª Samuel 2:1-8). Aquì
es en donde encontramos nuestra lecciòn, tanto de Penina como de sus hijos no
se habla nunca más, pero de Ana se dice que Dios le concedió más hijos, cinco
más para ser exactos (1ª Samuel 2:21). Y además, aún hoy en día se habla de
Samuel, ¿Por què? Porque Dios pesa las acciones.
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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