Quizàs uno de los mejores ejemplos de una oración.

 


 

Cuando Cristo, en el sermón del monte, instruye a sus seguidores a hacer oraciones a Dios, es muy claro cuando explica: “Y cuando orèis, no usèis vanas repeticiones, como los gentiles, que creen serán oídos por su palabrerìa” (Mateo 6:7). Miremos el caso de Ana, la esposa estéril de Elcana. Ella deseaba tener un hijo, y cuando llega a la casa de Jehovà le dice: “JEHOVÀ de los ejércitos, si te DIGNARES mirar a la AFLICCIÒN de tu sierva, y te ACORDARES de mì… si dieras a tu sierva un HIJO VARÒN, yo lo DEDICARÈ a Jehovà” (1ª Samuel 1:11). Preguntamos: ¿Primero, hubiera tenido respuesta si la oración no se la hace a Jehovà? ¿Hubiera respondido Jehovà la inquietud de Ana si hubiesen sido oraciones repetitivas? ¿Còmo hubiera sabido Jehovà lo especìfico de la petición de Ana, si ella no se hubiera dado a entender especìficamente? ¿Hubiera sido una petición si en lugar de decir què era lo que quería, hubiera repetido oraciones vanas que sonaban a palabrerìa? La ORACIÒN (conjunto de palabras que expresan un juicio) es comunicación con Dios, no un rito, no una costumbre, no una tradición, no una repetición vana de palabras (que es lo que significa la acción de rezar, vea wilkipedia para ambas).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.