La eterna historia.

 


Jehovà no quería que su pueblo tuviera otro rey, él quería ser su rey, pero el pueblo pidió uno a Samuel (1ª Samuel 8:20). Y aún dijeron: “Para que nos juzgue como hacen todas las naciones”. Juzgar no solamente representa aplicar la “justicia” cuando se es recto sino también implica “someter” cuando se hace incorrectamente, y eso hicieron muchos de los reyes que gobernaron a Israel. Es más, desde que Saùl es instaurado como el primer rey de Israel el pueblo ya se arrepiente (1ª Samuel 12:9). Aquì una de las lecciones que podemos tomar es el hecho que Dios desea ser él nuestro Rey pero nosotros los sustituimos. Son reyes no necesariamente de madera, oro, o piedras preciosas, pero sì es una sustitución. Nuestro físico, nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestra comodidad, nuestros cónyuges, nuestros hijos, nuestros padres, etc. Cualquier persona o bien material que nosotros antepongamos a Dios… es un “otro” rey, un ìdolo y una sustitución, y por lo tanto desagradamos a Dios. Y, esa… ha sido nuestra eterna historia y eterno problema.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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