No es por lo que nosotros vemos.

 


Saùl ha desagrado a Dios, así que, Dios decide quitarlo por rey y poner a otro. Le habla a Samuel y le pide que vaya a Belèn a casa de un hombre llamado Isaì, y que en esa casa entre sus hijos está el futuro rey que él ha elegido (1ª Samuel 16:1). Samuel toma camino y al llegar inicia a preguntar por cada uno de los hijos de Isaì iniciando por el primogènito. Samuel, habiendo tenido ya la experiencia de Saùl espera encontrar otro hombre grande, fuerte e impresionante de parecer pero Dios le dice: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehovà no mira lo que mira el hombre, sino el corazón del hombre” (1ª Samuel 16:7). Así somos los hombres, siempre viendo lo de fuera de nosotros mismos y de los demás, cuando debiéramos enfocarnos en lo que está dentro de cada corazón, y eso, lo demuestran las “acciones” no las “palabras”.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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