El amor nos hace dar y servir.
En los antiguos
tiempos, cuando Dios permitìa que un varón tuviera dos esposas, hubo en el
monte de Efraìn, un varón llamado Elcana que estaba casado con Penina y con Ana
(1ª Samuel 1:1). Y él cubrìa las necesidades de ambas, a Penina le daba una
porción conforme a ella y a sus hijos; pero a Ana, a pesar de no tener hijos
por ser estéril le daba una parte escogida porque la amaba màs (1ª Samuel 1:5).
Es lògico que amaba mucho a Penina pero también vemos evidente que a Ana la
amaba más por su trato preferencial. Y, nos atrevemos a pensar así, puesto que
las actitudes de ambas eran muy diferentes, mientras que Penina se burlaba y entristecía
a Ana por su esterilidad (verso 6). Ana quería tener un hijo no solamente para
agradar y unir lazos con Elcana sino principalmente con Dios (1ª Samuel 1:11).
Esa es la actitud que debemos imitar, no solamente para con Dios sino también
para con el pròjimo… unir lazos. Pero eso solamente nace por el amar
incondicionalmente a ambos.
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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