Una vida santa alcanza solamente para quien la lleva.

 


 

Desde niños se nos enseñò que hemos de vivir decentemente y en orden para que nos vaya bien en la vida. Pero, hemos de entender que, bìblicamente, la historia nos muestra que esa actitud y práctica solamente alcanza para quien la vive. Veamos dos casos: Uno, el del sacerdote Eli, era hombre piadoso y dedicado a los negocios celestiales en la casa de Jehovà, pero lamentablemente no supo influir en sus hijos Ofni y Finees (1ª Samuel 1:3), quienes abusaban de su posición, irrespetando las ofrendas a Jehovà y hasta siendo inmorales con las mujeres del pueblo (1ª Samuel 2:12,17 y 22). Luego, un segundo ejemplo lo tenemos, increíblemente, en el mismo Samuel, quièn habiendo visto y vivido el caso de su tutor, a pesar de haber llevado él mismo una vida ejemplar, no alcanzó a influir en sus propios hijos tampoco, pues nos narra la escritura que cuando envejeciò puso por jueces a Joel y Abìas (1ª Samuel 8:2), pero estos fallaron al pecar de avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho (1ª Samuel 8:3). Entendamos, es bueno ser y dar ejemplo, pero entendamos también que eso no alcanza para quienes nos rodean.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

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