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Y entonces llega el día…

    Nimrod quería ser famoso, influyente y pudiente, luchò y lo logró, pero llegó el día de su muerte, y ese día, todo lo que había logrado incluyendo las ciudades que construyò se quedaron (Babel, Erec, Acad y Calne. Gènesis 10:10).   Salomòn, el “hombre” más famoso, influyente, pudiente, y, además, sabio que ha existido tuvo e hizo de todo, pero llegó el día de su muerte y todo cuanto había hecho se quedó (1ª Reyes 4:29). ¿Cuàl es la lección que nos dejan impíos (Nimrod) y pìos (Salomòn) acerca de la vida?   El mismo Salomòn habiendo vivido y satisfecho todos sus gustos, necesidades y caprichos exclama para la posteridad: “Que el hombre coma, beba y goce del fruto de su trabajo, porque èste es don de Dios” (ver Eclesiastés 3 completo). No perdamos tiempo en nada que no sea provechoso, y sì, en lo que nos traiga gozo (sin que ello nos aparte de Dios), la vida por más que nos dure 70,80 o 100 años, se pasa como un suspiro y más pronto de lo que pensamos… nos lleg...

Todo lo que nos sucede… nos ubica en uno de dos lados.

    En el libro de Deuteronomio Dios le dice a “SU” pueblo, entendamos, a “SU” pueblo no al mundo: “Sigan por el camino que el Señor su Dios les ha trazado, para que vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a poseer” (Deuteronomio 5:33). El sabio Salomòn nos dice en uno de sus libros: “No te olvides de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer” (Eclesiastès 12:1). ¿Què nos están declarando las escrituras?   Que la vejez son días malos en donde aparecen los achaques, y, segundo, que toda decisión que tomemos en cada circunstancia que la vida nos ponga nos ubica en uno de los lados marcados por Dios: De “su” lado o del lado del “enemigo”. En Deuteronomio 28 vemos las bendiciones de escuchar y obedecer a Dios   (versos 1 al 14). Pero del verso 15 hasta el 68 vienen las maldiciones o consecuencias de no escucharlo y obedecerlo. Es muy serio escuchar a Di...

Hay necesidad de romper cadenas.

    Abraham tenía temor de ser asesinado por culpa de la hermosura de Sara, y como defensa mintió a Abimelec dicièndole que eran hermanos (Gènesis 20:2). Esa cadena de temor se la heredò a su hijo Isaac, quien hizo lo mismo y por el mismo motivo estando en una ciudad llamada Gerar (Gènesis 26:7). Pero Jacob, el hijo de Isaac rompió esa cadena. David tenía el problema de poner sus ojos en las mujeres ajenas (2ª Samuel 11:1-5), Salomòn su hijo cometió el mismo error solamente que multiplicado (1ª Reyes 11:2-3), pero Roboam el hijo de Salomòn rompìo esa cadena. ¿Còmo hicieron Jacob y Roboam para romper esas cadenas ancestrales? “Sometièndose” a Dios. Jacob en su regreso a la tierra de su padre ora a Dios y le pide consejo y lo sigue (Gènesis 32:9-11); y Roboam, dejándose llevar por el consejo de Semaìas que venìa de parte de Dios (1ª Reyes12:22). ¿Còmo rompemos nosotros las cadenas de nuestros ancestros, lèase: alcoholismo, adulterios, mentiras, engaños, indisciplinas, impunt...

Nos enseñaron una mentira de tantas. (Parte final).

    El apóstol Juan, aquèl amado del Señor que se recostaba en su pecho (Juan 13:23), inspirado por el Espìritu Santo escribiò: “Todo aquèl que comete pecado (notemos que es SIN distinción de gravedad alguna), infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1ª Juan 3:4). Y otro apóstol, Saulo de Tarso bajo la unciòn del Espìritu Santo escribió: “Andad en el Espìritu y no satisfagáis los deseos de la carne (también habla sin distinción de gravedad), y cita: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatrìa, hechicerìas, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgìas y cosas semejantes” (Gàlatas 5:19-21). ¿Entendemos ahora, que PARA DIOS no para los hombres, TODO pecado es igualmente merecedor de muerte? ¿Ya apreciamos que tanto un homicidio como un pleito; un adulterio como una borrachera; los celos como una orgìa… MERECEN LA MUERTE? Miremos lo que las escrituras nos dicen al final de l...

Nos enseñaron una mentira de tantas. (Parte uno).

    Desde niños, especialmente en naciones conquistadas por España, se nos inculcò una religión por “imposición”. La razón: Los Reyes de España la practicaban y fueron quienes financiaron las conquistas de 1492, he allí la imposiciòn. Por medio de esa religiòn se nos enseñò una gran falsedad: “Que para Dios existen pecados VENIALES: “Pecado que se comete en materia leve; o en cosa grave, pero sin plena advertencia o sin completo consentimiento”, y, cuyo efecto “disminuye” la amistad con Dios. Y, MORTAL: “El pecado que se comete en materia grave, con plena advertencia y libre consentimiento”, y cuyo efecto es “perder” la amistad con Dios; perder “todos” los méritos adquiridos hasta ese momento; perder el derecho de ir al cielo, y, en cambio merecer el infierno” (Doctrina Cristiana, Curso Medio, F.T.D, Editorial Progreso, Editado en México en 1963, páginas 113 y 114).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Si Dios es bueno ¿Por què castiga?.

    Si Dios es bueno, entonces NO debiera castigar según el pensamiento de muchas personas. Pero, Dios no deja de ser bueno por aplicar justicia. Veamos, desde el principio de la humanidad Dios impuso normas que se habían de cumplir (Gènesis 2:16-17), y nos diò la “consecuencia” si no obedecìamos. Así la muerte no era un castigo de Dios, sino repetimos, la consecuencia de un acto indebido. A Caìn le dice luego de asesinar a su hermano: “Si bien hicieres, acaso ¿No seràs enaltecido?” (Gènesis 4:6). No es Dios quien nos castiga, en todo caso serìamos nosotros mismos quienes lo buscamos al no actuar correctamente, pues esa es la justicia de Dios, que le vaya bien a quien hace el bien, y que pague quien comete un delito.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

La santidad no es aparentar. (Parte final)

    Entendamos, la santidad no es aparentar (hipocrecìa) vernos buenos e impecables delante de los de fuera de casa como hacían los fariseos, razón por la cuál Cristo señaló, discutió y se apartò de ellos, lo cual vemos exageradamente claro en Mateo 23 capìtulo completo con los 7 ayes de declaró sobre ellos. La santidad es una vida piadosa y transparente delante de Dios, como lo vemos con personas como Natanael, a quien el mismo Cristo se lo hace ver delante de Felipe (Juan 1:45 y 47). La santidad solamente la podemos buscar apartándonos de los placeres de èste mundo u obras de la carne como le denomina el apóstol Pablo según nos lo enseña en el libro de Gàlatas capítulo 5:20-21. La santidad no es, repetimos, aparentar estar bien delante de los hombres. La santidad es estar bien delante de Dios, y eso, nos dará la aprobación y la estima del hombre (Proverbios 3:3-4).   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.