Nos enseñaron una mentira de tantas. (Parte final).
El apóstol Juan, aquèl amado del Señor que se recostaba en
su pecho (Juan 13:23), inspirado por el Espìritu Santo escribiò: “Todo aquèl
que comete pecado (notemos que es SIN distinción de gravedad alguna), infringe
también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1ª Juan 3:4). Y otro
apóstol, Saulo de Tarso bajo la unciòn del Espìritu Santo escribió: “Andad en
el Espìritu y no satisfagáis los deseos de la carne (también habla sin
distinción de gravedad), y cita: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
idolatrìa, hechicerìas, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones,
herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgìas y cosas semejantes”
(Gàlatas 5:19-21). ¿Entendemos ahora, que PARA DIOS no para los hombres, TODO
pecado es igualmente merecedor de muerte? ¿Ya apreciamos que tanto un homicidio
como un pleito; un adulterio como una borrachera; los celos como una orgìa… MERECEN
LA MUERTE? Miremos lo que las escrituras nos dicen al final de los tiempos: “Un
cobarde, un incrèdulo, un homicida o un mentiroso igualmente arderán en el
fuego eterno” (Apocalipsis 21:8). Para Dios NO HAY pecados veniales todos son
mortales, puesto que todos nos separan de èl (Ezequiel 18:20).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario