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No les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.

      Jehová recalca en el profeta Jeremías una sentencia en contra de su pueblo: “He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos” (Jeremías 19:3). Volvemos a preguntar: ¿Cuál es la razón por la que Dios no solamente colmo su paciencia sino entró en ira en contra de su propio pueblo?   ¡La idolatría!.   “Me dejaron, y se enajenaron ofreciendo incienso a otros dioses” le dice Jehová a su pueblo. No darle el primer lugar a Dios, no reconocer que se está inclinando a algo que NO es Dios, quitar a Dios del centro de nuestras vidas… trae cautiverio. El pueblo de Dios fue 70 años cautivo a manos de los babilonios, es curioso que la misma biblia dice de 70 años: “Los días del hombre llegan a 70 años, y, en el caso de los más robustos a 80” (Salmo 90:10). ¿Entendemos acaso, el por qué muchos de nosotros pasamos una buena parte de nuestra vida en penas, angustias, tribulaciones, fracasos, decepciones, frustracione...

El castigo por tomarla contra el mensajero.

    Como vimos, el pueblo se enfurece porque el profeta Jeremías está en contra de la voz de los líderes que proclaman paz y tranquilidad, cuando Jehová ha mandado decir que viene cautiverio (Jeremías 18:18). Así que, la tomaron contra el profeta (mensajero). Ahora bien, ¿cuál fue el castigo que recibieron quienes se opusieron al mensaje de Dios?   Veamos cómo lo expresa Dios: “Los hijos de los opositores serán entregados a hambre; dispersos por medio de espada (la palabra); sus hijos morirán y sus esposas quedarán viudas; y los hijos que queden serán heridos en batalla” (Jeremías 18:21). Con razón dice la palabra de Dios: “Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31). Si somos de los que “creen” que Dios está hablando hoy en medio de nosotros, un mensaje “contrario” a la prosperidad y bienestar y el cuál no nos es agradable, y por ello no le escuchamos, no nos extrañemos que caigamos en las horrendas manos de un Dios iracundo al cual ya llevamos al...

Entonces la tomaron contra el mensajero

      Dios le acaba de decir a Jeremías que por la desobediencia del pueblo a su voz, y por la traición de la idolatría, el pueblo irá al cautiverio (Jeremías 18:6). Jeremías va y se lo comunica al pueblo. ¿Qué hace el pueblo en lugar de arrepentirse y de escuchar ésta segunda oportunidad?   Como contra Dios ya estaban, entonces se ponen también contra Jeremías, el mensajero (Jeremías 18:18). En otro sentido, el día de hoy en la iglesia estamos en las mismas condiciones, un grupo no pequeño de seudo líderes está mal enseñando al pueblo de Dios a ir en contra de sus planes, ayudando así a endurecer sus corazones en contra del plan perfecto de Dios para los siglos (Hechos 14:22) Y, ¿Qué es lo que hace la mayoría del pueblo? Lo mismo que hicieron con Jeremías, tratar de desprestigiar al mensajero (sacándolo de la congregación, desmereciendo su vida espiritual, señalándolo sin que pueda defenderse, etc). Son líderes que creen que el micrófono les da autoridad, cu...

¿Qué son las sendas antiguas?

    “Andad por las sendas antiguas y hallaréis descanso” (Jeremías 6:16). Estas palabras dijo Jehová a la nación de Israel, pero ¿Sabemos acaso, qué son las sendas antiguas? La misma escritura nos lo explica en el capítulo 18 y versos 15-17. Las normas, reglas y estatutos que Dios le había dado a Moisés en el Monte Sinaí, y por las cuales le había ofrecido toda clase de bendiciones a quien las cumpliera” (Deuteronomio 28:1-14). Pero ¿qué sucedió y qué sucede hoy en día, que la bendición no llega según la promesa de Dios?   El Señor mismo nos responde esa pregunta: “Más ellos dijeron NO, es en vano, porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón” (Jeremías 18:12). No es que Dios prometa y no sepa cumplir, somos nosotros los que seguimos a nuestros ídolos; los que seguimos el consejo de nuestro duro corazón; los que vivimos según nuestros propios criterios; los que actuamos por nuestra propia intuición, y no, por ...

Como el barro en la mano del alfarero.

      El profeta Jeremías era un hombre común y corriente como cualquiera de nosotros, y no entendía, el por qué, los sufrimientos propios o de las personas. Entonces el Señor le dice: “Levántate, y ve a casa del alfarero y allí te hablaré” (Jeremías 18:2). En efecto, Jeremías se levanta y va, al llegar observa cómo el alfarero amasa una y otra vez el barro hasta formar lo que él había planificado hacer (Jeremías 18:4). Es allí cuando Dios le explica al profeta lo que quería que aprendiera: “Acaso no podré yo hacer como éste alfarero, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6). A lo largo de cuatro décadas en el recorrido del evangelio, hemos visto cómo la doctrina de la prosperidad ha sido un “estorbo” en la caminata de muchísimos creyentes. Tanto así, que TODOS están en medio del desierto, en medio del calor del día, en medio de grandes decepciones y frustraciones, y aún le siguen creyendo a sus seudo líderes que la caminata del creyente se trata de “declarar” mejores s...

¿Quién quiere escuchar malas noticias?

    ¡Nadie!, nadie quiere escuchar del médico: “Lo sentimos pero su pariente está por morir”; nadie quiere escuchar: “Tiene que abandonar su casa porque está por ser devorada por un incendio o por la furia del volcán”. Generalmente los portadores de esa clase de noticias no son personas a las cuales les estemos agradecidos o las lleguemos a tener en gran estima, pero lamentablemente nos están preparando para recibir lo que viene o para que no lo recibamos y nos haga daño. Pues bien, llegó un día en el cual Jehová le dice a Jeremías: “Ve, ponte en la puerta por donde entran y salen   los reyes de Judá y diles: No entréis carga ni saquéis carga de vuestras casas, para poder santificaros, si me obedecéis habitaréis la ciudad para siempre, pero si no me escucháis entonces derramaré fuego que consumirá vuestras casas” (Jeremías 18:19-27). Quizás ahora entendamos el por qué muchas ciudades están siendo destruidas sin razón humana aparente en éstos tiempos. Dios ha hablado...

Vuestros muertos no serán plañidos ni enterrados.

      “Dolorosamente morirán vuestros muertos, no serán plañidos ni enterrados” (Jeremías 16:4). ¿Cuándo le dice Jehová éstas dolorosas palabras a Jeremías para que se las haga saber al pueblo? Cuando desnuda su” idolatría” (Jeremías 16:11). El pueblo de Dios fue llevado 70 años cautivo a tierra desconocida y lejana por no querer aceptar dejar la idolatría por un lado. Fue tanta la ofensa a Dios que éste les sentencia: “Morirán en la tierra grandes y pequeños; no los enterrarán; ni los plañirán (llorar, hacer luto por ellos, enterrar ostentosamente) (Jeremías 16:6). Continúa diciendo Jehová: “Yo, haré cesar en éste lugar, delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, toda voz de esposo y toda voz de esposa” (Jeremías 16:9). A la mente humana le cuesta aceptar los desastres universales, tiende a pensar: ¿Cómo es, que, Dios permite estas angustias, éstas penas, aún en niños tiernos y en mujeres indefensas?   Pero el espíri...