No les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.

 


 

 

Jehová recalca en el profeta Jeremías una sentencia en contra de su pueblo: “He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos” (Jeremías 19:3). Volvemos a preguntar: ¿Cuál es la razón por la que Dios no solamente colmo su paciencia sino entró en ira en contra de su propio pueblo?  ¡La idolatría!.  “Me dejaron, y se enajenaron ofreciendo incienso a otros dioses” le dice Jehová a su pueblo. No darle el primer lugar a Dios, no reconocer que se está inclinando a algo que NO es Dios, quitar a Dios del centro de nuestras vidas… trae cautiverio. El pueblo de Dios fue 70 años cautivo a manos de los babilonios, es curioso que la misma biblia dice de 70 años: “Los días del hombre llegan a 70 años, y, en el caso de los más robustos a 80” (Salmo 90:10). ¿Entendemos acaso, el por qué muchos de nosotros pasamos una buena parte de nuestra vida en penas, angustias, tribulaciones, fracasos, decepciones, frustraciones, etc?  Porque NO poner a Dios como primer lugar en nuestras vidas, simplemente nos lleva a tener otros dioses (dinero, trabajo, egocentrismo, haraganería e incluso ídolos físicos). Pero Dios dijo: “Eso no fue lo que mandé, no fue lo que hablé, ni siquiera vino a mi pensamiento: que tuvieran otros dioses y se inclinaran a ellos”.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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