“Andad
por las sendas antiguas y hallaréis descanso” (Jeremías 6:16). Estas palabras
dijo Jehová a la nación de Israel, pero ¿Sabemos acaso, qué son las sendas
antiguas? La misma escritura nos lo explica en el capítulo 18 y versos 15-17.
Las normas, reglas y estatutos que Dios le había dado a Moisés en el Monte
Sinaí, y por las cuales le había ofrecido toda clase de bendiciones a quien las
cumpliera” (Deuteronomio 28:1-14). Pero ¿qué sucedió y qué sucede hoy en día,
que la bendición no llega según la promesa de Dios? El Señor mismo nos responde esa pregunta:
“Más ellos dijeron NO, es en vano, porque en pos de nuestros ídolos iremos, y
haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón” (Jeremías 18:12).
No es que Dios prometa y no sepa cumplir, somos nosotros los que seguimos a
nuestros ídolos; los que seguimos el consejo de nuestro duro corazón; los que
vivimos según nuestros propios criterios; los que actuamos por nuestra propia
intuición, y no, por la palabra de Dios dada de los cielos (esas sendas
antiguas, esos senderos ya establecidos). Por ello es que nos extraviamos,
porque ya hay un sendero… pero no lo seguimos.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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