“Dolorosamente
morirán vuestros muertos, no serán plañidos ni enterrados” (Jeremías 16:4).
¿Cuándo le dice Jehová éstas dolorosas palabras a Jeremías para que se las haga
saber al pueblo? Cuando desnuda su” idolatría” (Jeremías 16:11). El pueblo de
Dios fue llevado 70 años cautivo a tierra desconocida y lejana por no querer
aceptar dejar la idolatría por un lado. Fue tanta la ofensa a Dios que éste les
sentencia: “Morirán en la tierra grandes y pequeños; no los enterrarán; ni los
plañirán (llorar, hacer luto por ellos, enterrar ostentosamente) (Jeremías
16:6). Continúa diciendo Jehová: “Yo, haré cesar en éste lugar, delante de
vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y toda voz de alegría, toda
voz de esposo y toda voz de esposa” (Jeremías 16:9). A la mente humana le
cuesta aceptar los desastres universales, tiende a pensar: ¿Cómo es, que, Dios
permite estas angustias, éstas penas, aún en niños tiernos y en mujeres
indefensas? Pero el espíritu nos da la
respuesta: Dios habla: ¡No quiero idolatría! y si no lo escuchamos y no le obedecemos… esas
son las consecuencias (Jeremías 16:11-12). Meditemos.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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