Vamos y muramos también nosotros.
Làzaro, el amigo de Cristo que vivía en Betania, estaba
enfermo a tal punto que falleció. Cristo es avisado para que vaya y consuele a
Marìa y Marta las hermanas de èste. Pero en la notificación sucede algo que aún
es parte de nuestras vidas, Cristo dice: “Nuestro amigo Làzaro duerme”, pero
los discípulos no entienden, y Cristo les tiene que decir: “Làzaro ha muerto” ¡Vamos a verle! (Juan 11:1-16). Entonces, en
el calor de la emoción, situación que nos sucede a nosotros por la llamada
“presión de grupo”, Tomàs, el dìdimo (que significa gemelo porque lo era) dice:
“Vayamos y muramos también nosotros” (verso16). ¡Cuàntas veces en el calor de
la unciòn del Espìritu Santo declaramos compromisos sin prestar atención a lo
que significan o representan! Para
luego, al primer problema o dificultad tirar la toalla o arrepentirnos de lo
que nos propusimos en el calor, repetimos, de la “presiòn de grupo”. Con razòn
está escrito: “No te apresures a hacer promesa a Jehovà” (Eclesiastés 5:4).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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