Todo maestro de la palabra.

 


 

Maestro, es una persona que estudió el hermoso arte de enseñar y guiar a quienes vienen tras él. El mejor maestro que hemos conocido y que tenemos es Cristo. Sin embargo, Dios en su infinita misericordia nos ha dado hombres y mujeres que nos instruyen con amor y paciencia. El apóstol Pablo nos da un ejemplo acerca de cómo deben ser los instructores de las escrituras: “Epafras, consiervo amado, quien declara su amor por medio del Espìritu (Santo), con quien conjuntamente no dejamos de orar por vosotros, para que seàis llenos del conocimiento de SU (Dios) voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Colosenses 1:7-9). Un maestro de la palabra debe instruir en amor por medio del Espìritu Santo; debe orar por sus alumnos; y debe ser pleno y dadivoso en instruir en todo conocimiento de SU voluntad y en toda sabiduría e inteligencia espirituales. Ser maestro de la palabra de Dios no es cosa ligera, pues primero debe ser ejemplo, de lo contrario venimos a ser como los fariseos hipócritas, que decían pero no hacían (Mateo 23:3). Meditemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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